Puede que la conexión entre el deporte y la espiritualidad sea difícil de ver de primera intención, pero el deseo de tener una experiencia espiritual es una de las razones por las cuales las personas practican un deporte.

Mihaly Csikszentmihalyi, renombrado psicólogo, ha observado que el deporte es una manera efectiva de generar ese estado que él llama “fluir”.  Esto ocurre porque nuestra atención está completamente concentrada en una actividad, entonces, el estado de conciencia relacionado con nuestros alrededores y con nosotros mismos se desvanece. El parloteo mental caótico se calla para abrirle camino a la paz interior y a un sentido de estar lleno de energía y más vivos que nunca.

Para un deportista, este “fluir” puede conducirlo a eso que llamamos “estar en la zona”.  Un lugar en el que todo hace “clic” y la persona adquiere un nivel más alto en su ejecución, capaz de realizar grandes hazañas.  Sin tratar mucho, todo parece natural e inevitablemente perfecto.  El tiempo se mueve lento, lo que da más tiempo para anticipar las acciones de los otros y poder posicionarse ante ellos mismos.

David Icke, escritor de la Nueva Era y pasado jugador profesional de balompié, experimentó este estado de forma regular.  Una vez cuando era portero, un jugador le lanzó un balón desde muy cerca, el cual le pareció que no iba a poder detener.  “Todo fue como una película que pasa lentamente y todo se acalló, como un tipo de sueño místico, hasta que mi mano hizo contacto con el balón.  Entonces, todo regresó rápidamente a un tiempo consciente, me tiré al terreno y reboté, y entonces surgió el ruido, como si alguien hubiera apagado el botón del sonido”.

Las experiencias paranormales no son poco comunes entre los atletas. Muchos corredores de distancia han informado ver visiones dentro de sus cuerpos mientras corren; mientras que los corredores de distancias cortas algunas veces han experimentado un fenómeno en el que se levantan en el aire y se sienten extremadamente livianos mientras corren.  Más dramáticamente, puede suceder que un atleta sienta repentinamente un golpe de fuerza y energía, a la vez que hacen contacto con una reserva enorme, la que normalmente está inaccesible dentro de ellos.

El levantador de pesas ruso Yuro Vlasov describe un estado que experimenta a menudo durante las competencias: “en la parte pico del tremendo y victorioso esfuerzo, mientras la sangre late en tu cabeza, de repente, todo se acalla dentro de uno.  Todo se ve más claro y blanco, como si hubieran encendido unos reflectores.  En ese momento, tienes la convicción que posees todo el poder del mundo”.

Tradicionalmente, se espera que los practicantes avanzados de las artes marciales como el judo y el karate rompan bloques con sus manos o que tumben a su oponente con un toque suave, sin casi tocarlos quizás.  El pre-requisito para esta hazaña es la capacidad de cultivar un estado de intensa absorción, lo que les permite sintonizarse con una energía más poderosa y sutil.

Los deportes, incluso, pueden llevar al atleta a un estado de samadhi, un estado místico de unión con el cosmos.  El escalador Richard Byrd describe su experiencia mística al explorar el Círculo Ártico: “del silencio surgió el sonido de una melodía perfecta, la música de las esferas, quizás.  Fue suficiente para atrapar el ritmo y momentáneamente ser parte del mismo. En ese instante no tuve duda de la capacidad del ser humano de ser uno con el Universo”.

Steve Taylor es autor del libro The Fall: the Insanity of the Ego in Human History and the Dawning of a New Era, recomendado por Eckhart Tolle y Colin Wilson. Visítelo en: stevenmtaylor.com