por Brigit Ingram
En el 2005, SIF, la única asociación nacional dedicada a promulgar el concepto, práctica y crecimiento de la inversión social y ambientalmente responsable (SRI, por sus siglas en inglés), informó que sólo uno de nueve dólares invertido en los Estados Unidos estaba activo en carteras de inversión social. Esto es un once por ciento de $25.1 trillones de los activos totales manejados por gerentes que son evaluados por Nelson Information’s Directory of Investment Managers. Del 2005 al 2007, los fondos de SRI aumentaron más de un 18 por ciento, mientras que otros activos manejados profesionalmente aumentaron menos de un 3 por ciento.
“SRI, que hoy día significa inversión sostenible y responsable, tiene su origen moderno en los años 60’s, una década tumultuosa que aumentó la sensibilidad hacia asuntos de responsabilidad social”, señala Steve Schueth, presidente de First Affirmative Financial Network, LLC. Esta firma consultora de inversión se especializa en servir a individuos con conciencia social y a inversionistas institucionales.
Las preocupaciones relacionadas con la Guerra de Vietnam, los derechos civiles y la igualdad para las mujeres en los 1960, se ampliaron durante los 1970 para incluir asuntos laborales y convicciones antinucleares. Para los 1980, millones de inversionistas socialmente conscientes, iglesias, universidades, ciudades y estados enfocaron sus estrategias de inversión en presionar al gobierno minoritario blanco de Sudáfrica para desmantelar su sistema racista, dice Schueth. Entonces, cuando los ciudadanos alrededor del mundo se enfrentaron a los incidentes de Bhopal, Chernobyl y Exxon Valdez, “el ambiente se convirtió en prioridad en la lista de los inversionistas socialmente preocupados. Desde entonces, la crisis climatológica ha impulsado a los inversionistas hacia oportunidades para dirigir su capital de inversión hacia otras formas de transformación”.
Peter Mangold, un asesor financiero de Smith Barney en Boulder, Colorado, aprecia el poder presentar a sus clientes la idea de invertir en compañías que intentan minimizar el daño ambiental o que están desarrollando técnicas para aumentar la eficiencia de energía, reciclan desperdicios industriales y combaten el cambio climatológico global. “A algunos de mis clientes les gusta la idea de que a la misma vez que invierten, también ayudan a proteger el ambiente”, dice Mangold.
Schueth enfatiza que muchos inversionistas con consciencia social tienen un sentido de responsabilidad por el impacto que su dinero tiene en el mundo. Él explica que, “ellos creen que pueden hacer dinero y también hacer una diferencia significativa dirigiendo concienzudamente su capital de inversión hacia empresas que contribuyen a un ambiente limpio y saludable, que tratan a la gente justamente, ofrecen igualdad de oportunidades, producen productos útiles y seguros, y que apoyan los esfuerzos para promover la paz mundial”.
Algunos inversionistas prefieren poner a trabajar su dinero de una manera que esté más a tono con sus valores personales y prácticas sociales. Otros están más interesados en el cambio social. Todos buscan impulsar la tendencia hacia un mundo económicamente justo y ambientalmente sostenible.
Tres estrategias complementarias han sido probadas efectivas: evaluar los valores de las carteras de inversión para no incluir corporaciones con pobre historial en asuntos sociales y ambientales, esfuerzos de apoyo de los accionistas para influir positivamente en las acciones corporativas y la inversión comunitaria con capital dirigido hacia personas de comunidades de bajos ingresos, que tienen dificultad en acceder a fondos a través de canales convencionales. Los inversionistas socialmente responsables pueden seleccionar su enfoque preferido y nivel de participación.
Elle Gulsoy, residente de Fairfax, Virginia, es economista e inversionista socialmente responsable a través de EquityBuild, Inc., una organización de consultoría de inversión en bienes raíces que colabora con bancos locales pequeños con gran arraigo en sus comunidades.
Gulsoy dice, “soy una madre que se siente muy bien sobre el doble resultado de mis inversiones. Esencialmente, mis especulaciones se convierten en hermosas viviendas de alquiler a precios razonables para madres solteras a través de subsidios gubernamentales. Me complace saber que madres como yo, que están luchando con sus trabajos y la crianza de sus hijos, tienen una mejor vida gracias a mis inversiones”.
Peter Krull, fundador de Krull & Company apunta, “SRI es fuerte porque la gente está trabajando junta. No importa si tiene mil o un millón de dólares invertidos, uno está haciendo un cambio”.
Dan Smith, editor de Valley Business FRONT en Roanoke, Virginia, es uno de los clientes de Krull. El comenta, “me gusta saber que mi dinero no está siendo utilizado para apoyar las tropas gubernamentales en Darfur, perforaciones petroleras negligentes, cigarrillos de sabores para menores, o zapatos Nike manufacturados por niños de diez años. Me da paz saber que mis inversiones apoyan algo que será de valor para la humanidad y quizás, para mi también”.
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SocialInvest.org o llame al 202-872-5361.
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