Un enfoque de crianza holístico
Un martes típico de Skylar Shumate, estudiante de cuarto grado, se describe de la siguiente manera: se levanta al amanecer para desayunar unos waffles tostados y jugo, antes de correr a tomar el autobús escolar a las 7:15 a.m. Camino a la escuela estudia una lista de palabras. Pasa siete horas en la escuela entre clases y exámenes. A las 3:15 p.m. va a las clases de ‘cheerleading’ y a las 5 p.m. tiene clases de hip-hop; luego regresa a casa a practicar piano y hacer las tareas antes de cenar algo e irse directo a la cama.
En general, Skylar informa que es una niña feliz. “Pero algunas veces siento mucho estrés y voy a mi cuarto y lloro”, confiesa. “A veces quisiera que no hubiera tanta presión”.
Tal declaración proveniente de una niña es particularmente impactante. Pero, según un creciente cuerpo de investigación y legiones de preocupados expertos en desarrollo infantil, Skylar no está sola.
Tendencias preocupantes
Según un estudio llevado a cabo por la Lucile Packard Foundation for Children’s Health, con base en California, un 70 por ciento de los padres informan que sus hijos entre las edades 9 a 13 años experimentan niveles de estrés de moderado a alto. En una encuesta reciente entre estudiantes de escuela superior conducida por la Universidad de Stanford, 65 por ciento de los entrevistados estaban a menudo o siempre bajo estrés. Según el Centro Nacional de Información sobre Salud Mental, los trastornos de ansiedad afectan a 13 de cada 100 niños entre las edades de 9 a 17.
Alrededor de toda la nación, los proveedores de cuidado de salud informan un aumento en los problemas de salud relacionados al estrés, como dolores estomacales, crujido de dientes, problemas con el sueño y de conducta en niños tan jóvenes como de edad pre-escolar. Alguna ansiedad puede ser atribuida a problemas en el hogar, como abuso o tragedia personal. Pero un causante más insidioso parece haber surgido: una cultura de híper-crianza, en la que a los niños se les abruma con mucha carga académica y compromisos, y con modelos o roles de Adultos—preocupados con todo, desde terrorismo hasta pandemias, problemas en la economía—creando más estrés que nunca antes.
“Nos hemos tropezado con un momento único en la historia de la niñez, un cóctel de tendencias históricas y culturales que han creado una tormenta perfecta”, dice Carl Honoré, padre de 41 años y autor del libro Under Pressure: Rescuing our Children from the Culture of Hyper-Parenting.
Observa cómo los padres ansiosos sienten la necesidad de preparar a sus hijos para un mercado de trabajo difícil. Tienen dinero para cubrir todas esas actividades extracurriculares, y porque han tenido a sus hijos ya entrados en edad y existe la tendencia de tener pocos hijos, los idolatran y esperan grandes resultados de ellos. “Hoy, más que nunca antes en la historia, los niños son el producto de la ansiedad y la intervención del adulto”, dice Honoré.
Lo que más preocupa es ver que mucho del estrés de la niñez puede tener consecuencias de salud de por vida. Según un informe del 2008 del Centro para la Prevención y Control de las Enfermedades, el estrés crónico o severo en la niñez puede perturbar el desarrollo del frágil sistema de circuitos cerebrales, lo que resulta en una “baja tolerancia para el estrés”, a través de la vida. El exceso de hormonas de estrés, como el cortisol, también pueden dañar la región de cerebro responsable del aprendizaje y la memoria, y afectar el sistema inmunitario, lo que deja a los niños vulnerables al asma, las alergias y otras enfermedades.
Las buenas noticias: Los padres que se preocupan de proteger a sus hijos del exceso de estrés y los ayudan a lidiar con estresantes inevitables en una forma saludable, los pueden encaminar para que tengan una mejor salud mental y física a largo plazo.
“De una manera muy real, la Madre Naturaleza espera que los padres sean unos buenos padres”, dice el profesor Chris Coe, Ph.D., un investigador en el área de la inmunología en la Universidad de Wisconsin-Madison. “Ayuda el guiar la biología del niño en la dirección correcta”.
Qué pueden hacer los padres
Los expertos dicen que el primer paso clave para los padres es reconocer que los niños están estresados y que esto puede suceder más temprano de lo que ellos puedan suponer.
“Podría comenzar mostrar señales cerca de su primer o segundo cumpleaños”, dice el psicólogo Charles Fay, Ph.D., presidente de Golden, una organización en Colorado afiliada al Love and Logic Institute
Fay dice que los niños pequeños (12 a 30 meses) están particularmente susceptibles al estrés, al tener que dejar el uso del pañal y aprender a caminar. Para los pre-escolares, el cambio de escuela, la salida de los hermanos mayores de la casa o el divorcio de los padres pueden ser muy estresantes.
Mientras que un poco de estrés puede ser beneficioso, los adultos necesitan estar vigilantes de las señales que indican que su hijo o hija está experimentando mucha tensión, en particular, si el niño es muy joven para verbalizar sus sentimientos. Los signos comunes son problemas de comportamiento, las rabietas, retraimiento o dolores de cabeza o barriga.
La hiperactividad también puede ser una señal.
“Vemos muchos niños y familias que están en un estado permanente de “lucha o huida”, y tristemente, los niños son mal diagnosticados con trastornos de aprendizaje y conducta, como el trastorno de déficit de atención e hiperactividad (ADDH, por sus siglas en inglés)”, dice Fay.
Otro consejo: Verifique su propio nivel de estrés. “Los niños toman sus claves emocionales de los adultos que los rodean”, advierte Fay. “Muchos niños perfeccionistas y que quieren lograr muchas cosas piensan que los errores son el fin del mundo porque ven a sus padres reaccionar de esa forma”.
Él aconseja a los padres a modelar reacciones positivas al estrés. Tome un momento y dígales a sus hijos una historia cómica de cómo fue que se le derramó el café en la ropa y tuvo que correr a casa a cambiarse, y cuál fue la lección aprendida. En lugar de enojarse al salir de casa a prisa y no encontrar las llaves del carro, diga: “Bueno… no es fin del mundo si llego un poco tarde a mi cita”.
Los expertos dicen que la programación excesiva de actividades es otra fuente de estrés crónico. Según un estudio de 2001 de la Universidad de Michigan, los niños entre las edades de 3 a 5 años tienen menos horas por semana de tiempo libre para jugar que en el 1981. Los niños entre las edades de 6 a 8 años tienen menos horas de tiempo libre.
Una solución fácil: “Recuerde que está bien que los niños se aburran”, dice Fay, al notar que el aburrimiento fomenta la creatividad y los prepara para “una vida real” que no siempre está llena de acción.
Si a menudo se encuentra comiendo en el auto cuando está en camino a resolver una infinidad de asuntos, su hijo o hija le da una rabieta o se duerme en el camino hacia las prácticas, o no habla mucho sobre una actividad (una señal de genuino interés), esto puede ser un aviso. Pídale que haga una lista de sus intereses favoritos, en orden de prioridad, sugiere Fay, y luego recorte lo que quedó al final de la misma.
En el lado contrario, Fay aconseja que el tener muy poca estructura en el hogar puede ser estresante para los hijos; ellos buscan asertividad en los padres y que les provean los límites que les den seguridad. “Si tiene hijos ansiosos, pregúntese, ‘¿Estoy estableciendo los límites suficientes y cumpliendo con los mismos?’”
Soluciones para la edad escolar
Por mucho, la causa más común de ansiedad en los escolares (particularmente en los niños provenientes de familias suburbanas de ingresos medianos a altos) es el estrés académico. Numerosos estudios muestran que, al catalogar los estresores, los adolescentes colocan el trabajo escolar por encima de los problemas con los amigos, las burlas y situaciones en el hogar.
Un estudio reciente de la Universidad de Stanford en el que encuestaron a 496 estudiantes de escuela superior en el Área de la Bahía de California, encontró que cuando se les pidió a los estudiantes que hicieran una lista de qué les causaba mayor estrés en sus vidas, el 68 por ciento citó el trabajo escolar. Cerca de un 78 por ciento informó que había experimentado problemas físicos relacionados con el estrés, como dolor de cabeza, aumento de peso, insomnio o problemas estomacales. En algunos casos, el exceso de ansiedad se puede convertir en depresión y podría ocurrir una tragedia.
“Los niños tienen más estrés que en el pasado debido a muchas razones y es un gran problema”, confirma Denise Pope, investigadora en educación y oradora de Stanford. “Se le da más énfasis a las pruebas y los niños sienten la presión de sus maestros. Los niveles de las asignaciones y el trabajo escolar han subido significativamente. Sienten que son la esperanza del futuro y continúa la presión”.
La investigación apoya la conclusión de Pope, incluida en una encuesta llevada a cabo en el 2004 por la Universidad de Michigan. Se entrevistaron sobre 2,900 estudiantes para encontrar que el tiempo que les toma a los jóvenes hacer las tareas escolares ha aumentado un 51 por cierto desde el 1981.
En respuesta, Pope, madre de tres niños, fundó en el 2007 el ‘Stressed Out Students Project ‘(ahora llamado Challenge Success). La organización nacional le enseña a los padres y a los maestros a cómo minimizar el estrés académico.
Dice ella que el primer paso es que los padres definan de forma clara su propia visión de “éxito” para con sus hijos. ¿Es realmente que asistan a una universidad de primera (Ivy League)? O, ¿es participar en un ambiente universitario divertido que enriquezca sus vidas?
“Las personas tienen esta visión de que sus hijos tienen que sacar todas A y estar envueltos en cada actividad extra curricular de forma que puedan entrar a una buena universidad. Pope dice, “No es cierto. Existe una universidad para cada estudiante que quiere proseguir sus estudios”.
Si un padre siente que los niveles de tareas escolares son excesivos, necesita ser proactivo y hablar con los maestros, dice Pope. Como regla general, los niños no deben tener más de 10 minutos de asignaciones por el nivel de grado (10 minutos para los que están en primer grado, 30 para los de tercero, dos horas para los que están en escuela superior, etc.). Pope les pide a los maestros de sus hijos que le envíen las tareas por adelantado en paquetes de una semana, de forma que las pueda distribuir junto con otros compromisos durante la semana.
“Conozco niños que practican diferentes y variados deportes luego de la escuela, luego van a casa, cenan y comienzan las tareas a las 8 o 9 p.m. Les estamos pidiendo que el día para ellos sea más largo que para la mayoría de los adultos”, señala Pope.
Seamos niños
Honoré, autor londinense quien ha vivido de escribir libros sobre cómo bajar la intensidad de la vida, dice que él, también, se ha visto cayendo en la trampa de la “híper-crianza”. Cuando el maestro de arte de su hijo de 7 años le informó que podría tener talento para el arte, se encontró que comenzó a buscar catálogos e información para enviar a su hijo a una escuela luego del año escolar o clases de verano para que comenzara desarrollar su talento especial. Cuando su hijo se enteró de la noticia, lo miró con cara de duda y le preguntó: “¿Por qué los adultos siempre se tienen que hacer cargo de todo?”
“Me di cuenta que me despisté como padre,” dice Honoré. Desistió de la idea y terminé escribiendo un libro sobre el asunto. Ahora tiene cuidado y se pregunta cuáles son sus motivos antes de guiar a su hijo hacia una actividad. ¿Es para mí o para él?
Mientras tanto, este investigador se siente optimista en que “El péndulo está comenzando subir”, y eso es un duro golpe contra los híper padres y la responsabilidad de los niños estresados cae en nuestras manos.
En el 2008, Toronto se convirtió en la primera jurisdicción de Norte América en comenzar a disminuir el exceso de tareas escolares, eliminándolas en los grados elementales y prohibiéndolas durante los fines de semanas y días feriados. Mientras tanto, las comunidades a través de los Estados Unidos han comenzado a auspiciar los días de “En sus marcas, listos… relájense”, en los que las asignaciones escolares y actividades extracurriculares están canceladas.
Dicen los expertos que, en una escala más pequeña, puede comenzar la revolución hacia tener unos niños con menos estrés y ansiedad cuando los padres comiencen a ver a sus hijos bajo otra perspectiva. Según lo dice Pope: “Tenemos que amar a nuestros hijos antes que a nosotros mismos, no a los hijos que queremos que ellos sean”.
Lisa Marshall es escritora freelance y madre de cuatro, residente en Colorado.
Soluciones holísticas al estrés
por Lisa Marshall
Un poquito de estrés en la niñez es inevitable y puede ser motivador cuando es en dosis pequeñas, dicen los expertos. Pero los padres pueden hacer mucho para ayudar a sus hijos a manejarlo.
Saque tiempo para relajarse: “Existe algo que se conoce como medicina mental preventiva,” dice Lawrence Shapiro, Ph.D., autor del libro The Relaxation and Stress Reduction Workbook for Kids. “Usted no dejaría pasar ni un día sin que sus hijos se laven los dientes. Entonces, no deje que pase un día sin que se relajen”.
Él recomienda que los niños de todas las edades saquen al menos quince minutos cada día para tener una relajación enfocada. Ponga música suave, y pídales que respiren profundamente y cierren sus ojos, luego déjelos solos.
Sueño: El sueño produce serotonina, un químico que calma y hace sentir bien a uno. La falta de sueño tiene como resultado el aumento del cortisol, una sustancia que promueve la reacción de “luchar o huir”. Un niño que no duerme lo suficiente no puede manejar bien el estrés. Según la Fundación Nacional del Sueño, los infantes necesitan de 12 a 14 horas de sueño, los pre-escolares de 10 a 11 y los adolescentes alrededor de 9 horas.
Nutrientes: Brandy Webb, doctor en naturopatía en Tacoma, Washington, y miembro de la facultad de la Universidad Bastyr, dice que ciertos nutrientes pueden ayudar a contrarrestar el impacto físico del estrés. Los ácidos grasos omega-3, que encontramos en algunos pescados, en la semilla de linaza, en algunas nueces y suplementos dietéticos, pueden ayudar en la respuesta inflamatoria que produce el estrés. Esto también ayuda a evitar los dolores de cabeza y musculares, producto de la inflamación inducida por la tensión.
Los niños estresados queman los nutrientes esenciales, en particular el calcio, de forma tal que una dieta balanceada es crítica. Los suplementos de magnesio ayudan a aliviar la ansiedad y el estrés. La vitamina C y E aumentan la función inmunológica.
Hierbas: Webb recomienda tinturas calmantes a base de hierbas, como la nébeda o ‘catnip’ y la
Pasiflora para calmar a los niños en momentos de estrés. La lavanda, ya sea en té o en un baño, puede ser efectiva para reducir la ansiedad. Mejor aún, haga un té, viértalo en la bañera y permita que su hijo se siente por 20 minutos respirando el vapor de la lavanda.
Ejercicio: Ambos, Shapiro y Webb, recomiendan al menos 30 minutos libres y de juego en exteriores todos los días.
Limite el tiempo de televisión: Nunca permita que sus hijos tengan un televisor o una computadora en el cuarto, aconseja Charles Fay, Ph.D. También mantenga el tiempo de ver televisión en un mínimo absoluto para los niños menores de 2 años. Mantenga el volumen bajo (los ruidos altos pueden agravar el estrés) y preocúpese por la televisión si su hijo ya tiene tendencia a la hiperactividad.
“Si los niños tienen predisposición a la hiperactividad, mucha TV podría exacerbar esa predisposición”, observa Shapiro. También, el abuso de los medios electrónicos, como los juegos de vídeo y los grupos sociales en el Internet, pueden ser señales de advertencia de que el niño está estresado. “Muchos de los niños estresados con los que trabajo gravitan hacia esos mecanismos no saludables como formas de adaptación para lidiar con sus asuntos”, comenta Webb.
Aunque las herramientas sociales como Facebook, la mensajería instantánea y el chat en Internet no necesariamente causan estrés, dicen los expertos, podrían atrasar en las tareas a los jóvenes que se pasan mucho tiempo en eso, sumándole a su estrés.
Peor aún, les roba tiempo a ellos para jugar en exteriores y al aire libre con sus amigos. Observe a cualquier niño jugar: no hay mejor alivio para el estrés.