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“El éxito es un camino....no un destino”
- Edición Agosto 2009
- Publicado 07/28/2009
- artículos del mes
Por: Maya Valle
Unos regresan llenos de entusiasmo y alegría y otros porque no les queda otro remedio. Desde muy temprano las carreteras se inundan de automóviles y los ánimos se alteran con la menor provocación. Tapones, sueño, cansancio es la orden del día y la rutina se apodera de la familia. Lo único que nos motiva es la certeza de que, gracias a esos estudios, nuestros niños serán hombres y mujeres exitosas (os).
A veces pensamos que dejamos atrás nuestra niñez al convertirnos en adultos. Ser adulto, actuar como adulto, no cambia nada. Dentro de cada uno de nosotros existe un niño interior que necesita ser nutrido y consolado de alguna manera. Escuchar a ese niño dentro de nosotros nos ayuda a mantener los niveles de autoestima alta para poder experimentar el éxito personal.
Los estudios también revelan que el comportamiento adictivo y agresivo de nuestra sociedad responde a experiencias dolorosas e inadecuadas en la niñez que no han sido sanadas. Si como niños nos percibimos inferiores a los demás, como adultos nos sentiremos incapaces de lograr todo lo que merecemos y a lo cual tenemos derecho. Vivir apoyados por un sistema de creencias negativas nos coloca en una posición de minusvalía y disminuye nuestra autoestima.
Para que nuestros hijos puedan sobrevivir el estado de confusión y separación en que vive nuestra sociedad actual, tenemos que cambiar ese legado de creencias que validan nuestra inferioridad ante los demás. Todo comienza con nosotros, los adultos. Cualquier frustración, confusión y sentido de separación no resuelta por los padres afectará el comportamiento de los hijos. Cuando aprendamos a reconocer que todos los seres humanos poseemos la capacidad para ser exitosos, tendremos un impacto en el éxito de nuestras familias, la comunidad y la sociedad en general.
El éxito llega cuando estamos dispuestos a cambiar nuestras percepciones y a desarrollar una mente enfocada en la unidad y el servicio. Como todo cambio, mirar las cosas desde una perspectiva diferente se nos hace difícil a veces, pero a la larga vale la pena el esfuerzo. El éxito no se define por lo mucho que haces, sino por cuanto de lo que haces contribuye a mejorar lo que amas y a aquellos a quien amas. A medida que descubras que el éxito va más allá de buscar constantemente la aprobación de los demás fortalecerás tu autoestima y entrarás en un proceso de alinearte con tu mayor potencial, requisito fundamental para lograr tus metas.
Sentir que somos merecedores del éxito es el requisito principal para lograr relaciones saludables y satisfactorias en tu trabajo, en tu hogar y en tu comunidad. El camino al éxito requiere un ajuste en nuestras perspectivas en el trato con niños, adolescentes y adultos. En otras palabras es cambiar las experiencias de fracaso y pérdida por experiencias de liberación y triunfo. El éxito abre la puerta para experimentar amor por nosotros mismos, por nuestras familias, por la comunidad y por toda la humanidad. El amor es la fuente del éxito.
Sin embargo, cada persona percibe el éxito de una manera diferente. Algunos lo ven como abundancia financiera, terminar una carrera, paz interior, estabilidad física o emocional, relaciones amorosas y saludables, etc. Nuestra definición del éxito varía de acuerdo a los cambios y períodos de crecimiento personal. Mi percepción del éxito tiene que ir atada y fortalecida por el propósito y la intención.
El éxito es un acto de la voluntad para mejorar todo lo que estemos haciendo, es crecimiento y desarrollo continuo. Es aceptar retos cada vez mayores. Es no sentir miedo de cometer errores, de sufrir un contratiempo o de fracasar. El fracaso no radica en el caerse, sino en no levantarse. Es tratar, cada vez con más fuerzas, de hacerlo mejor. Y si al final entiendes que lo mejor no es suficientemente bueno regresa al punto de partida y trabájalo mejor la próxima vez.
Es a través de tu dedicación y compromiso en el proceso de conseguir tus metas donde eres exitoso. Nadie es ciento por ciento exitoso en todo lo que hace. Cuando estés dispuesto a reconocer y aceptar esto, realizarás que el fracaso y las pérdidas son parte del juego de la vida como lo son ganar y tener éxito. Aprende de tus experiencias y llévate el conocimiento de lo aprendido para que la próxima vez no resbales en tu propia cancha. Sal a jugar tu juego y juégalo para ganar, pero no pienses en ganar sólo este juego, piensa en ganar el campeonato.
La gente exitosa nunca se da por vencida. Cuando sufren un revés, se levantan con más fuerza y siguen adelante. La meta final no es tener éxito sólo en un área de la vida. Es continuar disfrutando el éxito en todas las áreas de la vida. Ser el mejor en tu negocio, profesión o en la carrera que escogiste. Ser el mejor esposo o esposa, padre, madre, hijo, hija y amigo. Tienes sólo una vida y tienes la oportunidad de hacer de ésta un preámbulo divino.
¿Hacia dónde estamos dirigiendo nuestras vidas? Algo se nos ha perdido en todo este caos. Estamos tan ocupados, trabajando tan duro que hemos perdido el camino hacia lo que realmente queremos hacer con nuestras vidas. A veces, ni siquiera recordamos lo que realmente queremos hacer por nuestras familias. El verdadero éxito lo defines tú. No permitas que nadie lo defina por ti ¿Recuerdas aquella pregunta que tanto nos hacíamos cuando éramos niños, qué quiero hacer cuando sea grande?
Lograr las metas que nos hemos propuesto es responsabilidad nuestra. Tenemos muchas personas que han disfrutado de situaciones privilegiadas como una crianza excelente, buenas oportunidades educativas e inclusive han logrado que otros inviertan mucho dinero en su porvenir. Sin embargo, no han logrado nada. Por el contrario, otros no han sido tan afortunados y casi sin nada, lo han logrado todo. A veces, quien más tiene es quien menos aprovecha sus bendiciones. Muchos hombres y mujeres célebres que han dejado importantes legados humanitarios comenzaron desde cero.
¿Qué es lo que hace la diferencia? La actitud que tomamos ante los retos que nos trae la vida. Cuando tenemos las cosas fáciles no desarrollamos nuestro carácter, simplemente nos dejamos llevar. Cuando las cosas se tornan difíciles para nosotros es cuando más aprendemos. Y es precisamente, en esas lecciones donde desarrollamos nuestras mejores cualidades. Una de las cosas que aprendemos es a proyectar actitudes positivas de aprendizaje, tolerancia y perseverancia para alcanzar lo que deseamos. Y luego, nos damos cuenta del valor de esas experiencias. Esa era la razón por la cual teníamos que vivirlas.
El éxito no es un resultado final, no es un destino sino un viaje. El éxito es un proceso continuo, es un camino. No es lineal, viene y va., tiene alzas y bajas. El verdadero éxito requiere una vida balanceada en los tres planos: el físico, emocional o mental y sobre todo el espiritual. Por tanto, debes escoger, entender y practicar tus valores. Finalmente, debes tener la disposición de disfrutar todas tus bendiciones con integridad y humanismo. ¡Esto te conectará con el ciclo de abundancia de la vida!
¡MUCHO ÉXITO!
A veces pensamos que dejamos atrás nuestra niñez al convertirnos en adultos. Ser adulto, actuar como adulto, no cambia nada. Dentro de cada uno de nosotros existe un niño interior que necesita ser nutrido y consolado de alguna manera. Escuchar a ese niño dentro de nosotros nos ayuda a mantener los niveles de autoestima alta para poder experimentar el éxito personal.
Los estudios también revelan que el comportamiento adictivo y agresivo de nuestra sociedad responde a experiencias dolorosas e inadecuadas en la niñez que no han sido sanadas. Si como niños nos percibimos inferiores a los demás, como adultos nos sentiremos incapaces de lograr todo lo que merecemos y a lo cual tenemos derecho. Vivir apoyados por un sistema de creencias negativas nos coloca en una posición de minusvalía y disminuye nuestra autoestima.
Para que nuestros hijos puedan sobrevivir el estado de confusión y separación en que vive nuestra sociedad actual, tenemos que cambiar ese legado de creencias que validan nuestra inferioridad ante los demás. Todo comienza con nosotros, los adultos. Cualquier frustración, confusión y sentido de separación no resuelta por los padres afectará el comportamiento de los hijos. Cuando aprendamos a reconocer que todos los seres humanos poseemos la capacidad para ser exitosos, tendremos un impacto en el éxito de nuestras familias, la comunidad y la sociedad en general.
El éxito llega cuando estamos dispuestos a cambiar nuestras percepciones y a desarrollar una mente enfocada en la unidad y el servicio. Como todo cambio, mirar las cosas desde una perspectiva diferente se nos hace difícil a veces, pero a la larga vale la pena el esfuerzo. El éxito no se define por lo mucho que haces, sino por cuanto de lo que haces contribuye a mejorar lo que amas y a aquellos a quien amas. A medida que descubras que el éxito va más allá de buscar constantemente la aprobación de los demás fortalecerás tu autoestima y entrarás en un proceso de alinearte con tu mayor potencial, requisito fundamental para lograr tus metas.
Sentir que somos merecedores del éxito es el requisito principal para lograr relaciones saludables y satisfactorias en tu trabajo, en tu hogar y en tu comunidad. El camino al éxito requiere un ajuste en nuestras perspectivas en el trato con niños, adolescentes y adultos. En otras palabras es cambiar las experiencias de fracaso y pérdida por experiencias de liberación y triunfo. El éxito abre la puerta para experimentar amor por nosotros mismos, por nuestras familias, por la comunidad y por toda la humanidad. El amor es la fuente del éxito.
Sin embargo, cada persona percibe el éxito de una manera diferente. Algunos lo ven como abundancia financiera, terminar una carrera, paz interior, estabilidad física o emocional, relaciones amorosas y saludables, etc. Nuestra definición del éxito varía de acuerdo a los cambios y períodos de crecimiento personal. Mi percepción del éxito tiene que ir atada y fortalecida por el propósito y la intención.
El éxito es un acto de la voluntad para mejorar todo lo que estemos haciendo, es crecimiento y desarrollo continuo. Es aceptar retos cada vez mayores. Es no sentir miedo de cometer errores, de sufrir un contratiempo o de fracasar. El fracaso no radica en el caerse, sino en no levantarse. Es tratar, cada vez con más fuerzas, de hacerlo mejor. Y si al final entiendes que lo mejor no es suficientemente bueno regresa al punto de partida y trabájalo mejor la próxima vez.
Es a través de tu dedicación y compromiso en el proceso de conseguir tus metas donde eres exitoso. Nadie es ciento por ciento exitoso en todo lo que hace. Cuando estés dispuesto a reconocer y aceptar esto, realizarás que el fracaso y las pérdidas son parte del juego de la vida como lo son ganar y tener éxito. Aprende de tus experiencias y llévate el conocimiento de lo aprendido para que la próxima vez no resbales en tu propia cancha. Sal a jugar tu juego y juégalo para ganar, pero no pienses en ganar sólo este juego, piensa en ganar el campeonato.
La gente exitosa nunca se da por vencida. Cuando sufren un revés, se levantan con más fuerza y siguen adelante. La meta final no es tener éxito sólo en un área de la vida. Es continuar disfrutando el éxito en todas las áreas de la vida. Ser el mejor en tu negocio, profesión o en la carrera que escogiste. Ser el mejor esposo o esposa, padre, madre, hijo, hija y amigo. Tienes sólo una vida y tienes la oportunidad de hacer de ésta un preámbulo divino.
¿Hacia dónde estamos dirigiendo nuestras vidas? Algo se nos ha perdido en todo este caos. Estamos tan ocupados, trabajando tan duro que hemos perdido el camino hacia lo que realmente queremos hacer con nuestras vidas. A veces, ni siquiera recordamos lo que realmente queremos hacer por nuestras familias. El verdadero éxito lo defines tú. No permitas que nadie lo defina por ti ¿Recuerdas aquella pregunta que tanto nos hacíamos cuando éramos niños, qué quiero hacer cuando sea grande?
Lograr las metas que nos hemos propuesto es responsabilidad nuestra. Tenemos muchas personas que han disfrutado de situaciones privilegiadas como una crianza excelente, buenas oportunidades educativas e inclusive han logrado que otros inviertan mucho dinero en su porvenir. Sin embargo, no han logrado nada. Por el contrario, otros no han sido tan afortunados y casi sin nada, lo han logrado todo. A veces, quien más tiene es quien menos aprovecha sus bendiciones. Muchos hombres y mujeres célebres que han dejado importantes legados humanitarios comenzaron desde cero.
¿Qué es lo que hace la diferencia? La actitud que tomamos ante los retos que nos trae la vida. Cuando tenemos las cosas fáciles no desarrollamos nuestro carácter, simplemente nos dejamos llevar. Cuando las cosas se tornan difíciles para nosotros es cuando más aprendemos. Y es precisamente, en esas lecciones donde desarrollamos nuestras mejores cualidades. Una de las cosas que aprendemos es a proyectar actitudes positivas de aprendizaje, tolerancia y perseverancia para alcanzar lo que deseamos. Y luego, nos damos cuenta del valor de esas experiencias. Esa era la razón por la cual teníamos que vivirlas.
El éxito no es un resultado final, no es un destino sino un viaje. El éxito es un proceso continuo, es un camino. No es lineal, viene y va., tiene alzas y bajas. El verdadero éxito requiere una vida balanceada en los tres planos: el físico, emocional o mental y sobre todo el espiritual. Por tanto, debes escoger, entender y practicar tus valores. Finalmente, debes tener la disposición de disfrutar todas tus bendiciones con integridad y humanismo. ¡Esto te conectará con el ciclo de abundancia de la vida!
¡MUCHO ÉXITO!
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