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PROTEGIENDO CONTRA EL AUTISM0
- Edición Enero 2010
- Publicado 12/29/2009
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por Brita Belli
Cuando se publicaron los resultados del estudio de autismo en la revista Pediatrics en octubre de 2009, los números resultaron un tanto chocantes—se informó que uno de cada 91 niños estadounidenses tiene autismo. El número subió de uno en 500 hace una década atrás, contando a los niños varones con una probabilidad cuatro veces mayor para adquirir el trastorno.
Los comportamientos de autismo incluyen: fallo al responder a cualquier estímulo o a hacer contacto visual; atrasos en el lenguaje; comportamientos compulsivos como menear la cabeza, amontonar objetos, repetición intensa de las actividades diarias y sensibilidad al ruido extremo.
Por años, la investigación sobre las causas de autismo ha girado alrededor de la genética. Aunque la tasa de autismo entre los niños de la nación continúa aumentando vertiginosamente entre un 10 y 17 por ciento al año, la investigación se ha tardado en cambiar el enfoque hacia otros factores—a saber, toxinas ambientales.
La Conexión Química
La nueva investigación sobre autismo está apuntando hacia las toxinas ambientales como el mercurio, plomo, bifenilos policlorados (PCB, por sus siglas en inglés), retardadores de fuego y medicamentos—incluidos los antidepresivos en el útero o antibióticos en la infancia—que podrían agravar una condición genética pre-existente.
James Adams, director del Programa de Investigación en Autismo/Asperger en la Universidad del Estado de Arizona, comenta que, “hay muy poco dinero asignado para investigar los asuntos ambientales”.
La propia investigación de Adams ha descubierto una correlación entre la exposición a los metales pesados y la severidad del autismo. En un estudio, el ácido dimercaptouccinic (DMSA), un medicamento utilizado para tratar el envenenamiento con plomo, fue administrado a niños con autismo. Estos investigadores encontraron que los niños con autismo “arrojaron tres veces más mercurio que un niño típico”, informó Adams, lo que sugiere que sus cuerpos no pueden excretar propiamente la toxina. En otro estudio, se encontró que los dientes de leche de niños con autismo contenían el doble de mercurio que los niños típicos.
Los hallazgos de Adams también han descubierto una amenaza común en la historia médica de los niños con autismo: alto uso de antibióticos orales en la infancia. Explica que los antibióticos interrumpen la buena flora del intestino, lo que disminuye la capacidad de excretar las toxinas. Estos tratamientos se aplican mayormente para las infecciones recurrentes de oído, pero el Dr. Jerry Kartzine informa en su libro Healing and Preventing Autism (co-escrito con Jenny McCarthy, defensora del tratamiento contra el autismo), que esas infecciones frecuentes son “el marcador más común para la disfunción del sistema inmunitario… en bebés y niños muy jóvenes”.
Un Nuevo Enfoque
Un número creciente de médicos, como Kartzinel e investigadores como Adams, se están suscribiendo a los protocolos establecidos por Defeat Autism Now! (DAN), un proyecto del Instituto de Investigación sobre Autismo, organización sin fines de lucro que apoya una base biomédica para el autismo y sus tratamientos. Los profesionales de la salud en DAN, según la descripción del grupo, “no consideran las drogas psicotrópicas como el mejor o único medio para tratar a los pacientes de autismo”. En cambio, buscan los desencadenantes que podrían agravar la condición genética pre-existente, los que incluyen desde vacunas hasta toxinas ambientales como mercurio en el pescado, arsénico en el agua potable y plomo en la contaminación ambiental; uso excesivo de antibióticos y medicamentos sin receta en la infancia temprana; aparte de una dieta alta en trigo y lácteos, que contribuye a la inflamación del intestino.
Esta visión holística de las causas del autismo se extiende también a una gama de tratamientos que podrían incluir terapia de quelación (remover los metales pesados), dietas libre de gluten y caseína (remover el trigo y los lácteos), administración de suplementos de ácidos grasos omega-3 y terapia de oxígeno hiperbárico (en la que se administra oxígeno en una cámara presurizada).
“La presunción,” comenta Richard Lathe, biólogo molecular y autor del libro Autism, Brain, and Environment, “es que la toxicidad ambiental ha aumentado de tal forma que, combinada con las vacunas infantiles, la producción [industrial] y el consumo de pescado, ha llevado a un aumento en la exposición total a los metales pesados”.
Por consiguiente, estos investigadores preocupados están señalando claramente los pasos que los padres deben tomar para minimizar las exposiciones tóxicas, tanto de ellos mismos como de sus hijos; comenzando con precauciones durante el embarazo, minimizando la exposición al mercurio al evitar el pescado como el tiburón y pez espada, y limitando el consumo de atún albacora. Las mujeres embarazadas, aconseja Lathe, deben asegurarse de tomar sus vitaminas prenatales, como calcio, para que el feto no extraiga los minerales de los huesos de la madre, donde se almacenan los metales pesados.
“El cuerpo guarda los metales pesados en los huesos y la grasa”, explica Lathe. “Durante el embarazo eso se recicla [al suplir los nutrientes] al bebé”.
También es importante evitar la exposición a químicos tóxicos a través de los productos de limpieza, tanto durante el embarazo y luego del parto. Los sustitutos hechos en casa usan ingredientes como vinagre blanco destilado y bicarbonato de soda, los que son alternativas seguras y baratas.
¿Otros químicos culpables? Los envases de plástico y los juguetes de la bañera pueden soltar químicos cuando se calientan, limpian o se usan para dentición. Los asientos de bebés para autos y los colchones de las cunas usan retardantes de fuego, al igual que algunos juguetes tienen pinturas tóxicas que contienen plomo.
Un estudio del 2005 del Environmental Working Group, organismo control sin fines de lucro, encontró un promedio de 200 químicos y contaminantes industriales en muestras de cordones umbilicales de 10 bebés nacidos en hospitales a través de los Estados Unidos. De estos, dice el informe, “180 causan cáncer en humanos y animales, 217 son tóxicos al cerebro y al sistema nervioso, y 208 causan anomalías congénitas… en pruebas con animales”.
Para los niños con una predisposición genética subyacente al autismo, la sobrecarga química comienza temprano. El aumento puede venir por las dietas que desencadenan las alergias, la sobrecarga de antibióticos y vacunas que contienen mercurio, lo que trae consecuencias a largo plazo. Los padres informados saben tomar precauciones tempranas y a menudo. Infórmese.
Recursos: Autism Research Institute: DefeatAutismNow.com
Environmental Working Group: ewg.org
Estudios pediátricos publicados en: http://pediatrics.aappublications.org/cgi/content/abstract/peds.2009-1522v1.
Brita Belli es editora de E – The Environmental Magazine.
Los comportamientos de autismo incluyen: fallo al responder a cualquier estímulo o a hacer contacto visual; atrasos en el lenguaje; comportamientos compulsivos como menear la cabeza, amontonar objetos, repetición intensa de las actividades diarias y sensibilidad al ruido extremo.
Por años, la investigación sobre las causas de autismo ha girado alrededor de la genética. Aunque la tasa de autismo entre los niños de la nación continúa aumentando vertiginosamente entre un 10 y 17 por ciento al año, la investigación se ha tardado en cambiar el enfoque hacia otros factores—a saber, toxinas ambientales.
La Conexión Química
La nueva investigación sobre autismo está apuntando hacia las toxinas ambientales como el mercurio, plomo, bifenilos policlorados (PCB, por sus siglas en inglés), retardadores de fuego y medicamentos—incluidos los antidepresivos en el útero o antibióticos en la infancia—que podrían agravar una condición genética pre-existente.
James Adams, director del Programa de Investigación en Autismo/Asperger en la Universidad del Estado de Arizona, comenta que, “hay muy poco dinero asignado para investigar los asuntos ambientales”.
La propia investigación de Adams ha descubierto una correlación entre la exposición a los metales pesados y la severidad del autismo. En un estudio, el ácido dimercaptouccinic (DMSA), un medicamento utilizado para tratar el envenenamiento con plomo, fue administrado a niños con autismo. Estos investigadores encontraron que los niños con autismo “arrojaron tres veces más mercurio que un niño típico”, informó Adams, lo que sugiere que sus cuerpos no pueden excretar propiamente la toxina. En otro estudio, se encontró que los dientes de leche de niños con autismo contenían el doble de mercurio que los niños típicos.
Los hallazgos de Adams también han descubierto una amenaza común en la historia médica de los niños con autismo: alto uso de antibióticos orales en la infancia. Explica que los antibióticos interrumpen la buena flora del intestino, lo que disminuye la capacidad de excretar las toxinas. Estos tratamientos se aplican mayormente para las infecciones recurrentes de oído, pero el Dr. Jerry Kartzine informa en su libro Healing and Preventing Autism (co-escrito con Jenny McCarthy, defensora del tratamiento contra el autismo), que esas infecciones frecuentes son “el marcador más común para la disfunción del sistema inmunitario… en bebés y niños muy jóvenes”.
Un Nuevo Enfoque
Un número creciente de médicos, como Kartzinel e investigadores como Adams, se están suscribiendo a los protocolos establecidos por Defeat Autism Now! (DAN), un proyecto del Instituto de Investigación sobre Autismo, organización sin fines de lucro que apoya una base biomédica para el autismo y sus tratamientos. Los profesionales de la salud en DAN, según la descripción del grupo, “no consideran las drogas psicotrópicas como el mejor o único medio para tratar a los pacientes de autismo”. En cambio, buscan los desencadenantes que podrían agravar la condición genética pre-existente, los que incluyen desde vacunas hasta toxinas ambientales como mercurio en el pescado, arsénico en el agua potable y plomo en la contaminación ambiental; uso excesivo de antibióticos y medicamentos sin receta en la infancia temprana; aparte de una dieta alta en trigo y lácteos, que contribuye a la inflamación del intestino.
Esta visión holística de las causas del autismo se extiende también a una gama de tratamientos que podrían incluir terapia de quelación (remover los metales pesados), dietas libre de gluten y caseína (remover el trigo y los lácteos), administración de suplementos de ácidos grasos omega-3 y terapia de oxígeno hiperbárico (en la que se administra oxígeno en una cámara presurizada).
“La presunción,” comenta Richard Lathe, biólogo molecular y autor del libro Autism, Brain, and Environment, “es que la toxicidad ambiental ha aumentado de tal forma que, combinada con las vacunas infantiles, la producción [industrial] y el consumo de pescado, ha llevado a un aumento en la exposición total a los metales pesados”.
Por consiguiente, estos investigadores preocupados están señalando claramente los pasos que los padres deben tomar para minimizar las exposiciones tóxicas, tanto de ellos mismos como de sus hijos; comenzando con precauciones durante el embarazo, minimizando la exposición al mercurio al evitar el pescado como el tiburón y pez espada, y limitando el consumo de atún albacora. Las mujeres embarazadas, aconseja Lathe, deben asegurarse de tomar sus vitaminas prenatales, como calcio, para que el feto no extraiga los minerales de los huesos de la madre, donde se almacenan los metales pesados.
“El cuerpo guarda los metales pesados en los huesos y la grasa”, explica Lathe. “Durante el embarazo eso se recicla [al suplir los nutrientes] al bebé”.
También es importante evitar la exposición a químicos tóxicos a través de los productos de limpieza, tanto durante el embarazo y luego del parto. Los sustitutos hechos en casa usan ingredientes como vinagre blanco destilado y bicarbonato de soda, los que son alternativas seguras y baratas.
¿Otros químicos culpables? Los envases de plástico y los juguetes de la bañera pueden soltar químicos cuando se calientan, limpian o se usan para dentición. Los asientos de bebés para autos y los colchones de las cunas usan retardantes de fuego, al igual que algunos juguetes tienen pinturas tóxicas que contienen plomo.
Un estudio del 2005 del Environmental Working Group, organismo control sin fines de lucro, encontró un promedio de 200 químicos y contaminantes industriales en muestras de cordones umbilicales de 10 bebés nacidos en hospitales a través de los Estados Unidos. De estos, dice el informe, “180 causan cáncer en humanos y animales, 217 son tóxicos al cerebro y al sistema nervioso, y 208 causan anomalías congénitas… en pruebas con animales”.
Para los niños con una predisposición genética subyacente al autismo, la sobrecarga química comienza temprano. El aumento puede venir por las dietas que desencadenan las alergias, la sobrecarga de antibióticos y vacunas que contienen mercurio, lo que trae consecuencias a largo plazo. Los padres informados saben tomar precauciones tempranas y a menudo. Infórmese.
Recursos: Autism Research Institute: DefeatAutismNow.com
Environmental Working Group: ewg.org
Estudios pediátricos publicados en: http://pediatrics.aappublications.org/cgi/content/abstract/peds.2009-1522v1.
Brita Belli es editora de E – The Environmental Magazine.
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