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Paseando en kayak con los niños
- Edición Junio 2010
- Publicado 05/25/2010
- healthy kids
por Larry and Christine Showler
Comenzamos a pasear en kayak con Justin, nuestro hijo, a los pocos meses de nacido, ya que pensábamos que cuanto antes se acostumbren los niños pequeños a estar en una embarcación, más rápido toda la familia puede beneficiarse de explorar la naturaleza juntos. Para los 5 años, ya Justin remaba en su propio kayak recreativo y un año después, estaba al mando de su propio kayak de mar.
A diferencia de las canoas, donde la visibilidad y el apoyo de los niños son limitados, un kayak provee una experiencia más interactiva. Algunas cabinas son lo suficientemente grandes como para permitir que un niño pequeño pueda ir sentado en la falda de un adulto y permitirle mirar ese nuevo mundo que se abre ante sus ojos, sin perder el calor y la seguridad del contacto directo con mamá o papá. Qué magnífica forma de solidificar el lazo afectivo entre un niño y sus padres y poder sellarlo con la naturaleza.
Los primero viajes juntos deben ser una experiencia positiva para establecer el ambiente de aventuras futuras, así que haga un esfuerzo especial por crear experiencias divertidas e interesantes. Seleccione destinos cortos, que no queden a más de 30 minutos de distancia, para que la familia pueda detenerse y hacer un picnic. Traiga meriendas y bebidas para ese viaje a lo largo de la costa y explique las imágenes y los sonidos de la naturaleza.
A diferencia de lo que sucede en las canoas, en los kayaks los niños pequeños van sentados lo suficientemente bajos como para permitirles, sin importar el tamaño, tocar el agua y chapaletear. Una cuchara grande de madera de cocina es un primer remo excelente, sólo recuerde hacerle un agujero para colocarle una correa y atarla a la muñeca del niño, a menos que quiera que todos pasen el día sacándola del agua unas 50 veces. A menudo, puede que el pequeñín se quede dormido con el movimiento rítmico del kayak, mucho antes de llegar a la casa.
Incluso cuando llueve puede ser divertido, siempre y cuando tengan la vestimenta adecuada para la lluvia y una actitud positiva. Algunas de las aventuras más agradables que hemos tenido han sido en los días tranquilos y lluviosos de verano.
Cuando el niño tiene dos o tres años, sugerimos sacarlo de la falda y colocarlo en el asiento trasero de un kayak para adultos, de frente a la proa. Esto les brinda espacio y comodidad para las piernas. Colocar un cojín o una frisa en el piso de la proa posterior protege al niño contra el frío del casco de la embarcación.
Entre los cinco a seis años, puede que los niños quieran remar por sí solos. Lidiar con la longitud y el peso del remo puede ser difícil al principio, pero con algo de ayuda y orientación, los niños aprenden rápidamente. Es una experiencia muy satisfactoria, igual que cuando uno suelta la bicicleta sin las ruedas protectoras y los deja correr solos por primera vez.
Al principio, el niño se cansará rápidamente de pilotear el kayak, así que tener una cuerda de remolque garantiza un día más largo y positivo para todos. Cuando Justin decía “Papá, no tengo más energía”, amarrábamos la cuerda a nuestro kayak para halarlo y cuando le regresaba la energía, la soltábamos y allá salía nuevamente a toda velocidad salpicando agua por todas partes.
La seguridad de un niño mientras se practica este deporte recae totalmente en el adulto que lo acompaña y desde temprana edad debe infundírseles que nunca pueden estar solos en el agua. Es esencial que los adultos conozcan sus propias limitaciones al remar, que se percaten de los cambios en el viento y el tiempo y que usen el sentido común para minimizar los riesgos.
El equipo necesario incluye: el tamaño adecuado de kayak, materiales de flotación personal de calidad -los cuales todos deben llevar puestos siempre- sombreros, bloqueador solar y gafas de sol; zapatos a prueba de agua y con buen agarre, algo para cubrirse y mucho líquido para beber, incluso en viajes cortos. Hágalo divertido y las destrezas esenciales las aprenderá rápidamente. Hoy, a los 13 años, Justin rema un kayak de mar mejor que muchos adultos.
A medida que las personas buscan escapar de las presiones del diario vivir a través de valores familiares más sencillos, recordamos que lo que nos fascinaba como niños tiene repercusiones durante toda nuestra vida. Explorar una isla cercana y tirarse a nadar desde el kayak en una playa desierta, inspira la mente de los niños con la emoción del descubrimiento, y en los términos de la naturaleza, escogiendo un remo en lugar de un motor.
Larry y Christine Showler son propietarios de Frontenac Outfitters Canoe & Kayak Centre, un poco al norte de Kingston, Ontario, Canadá. Para más información, visite http://Frontenac-Outfitters.com.
A diferencia de las canoas, donde la visibilidad y el apoyo de los niños son limitados, un kayak provee una experiencia más interactiva. Algunas cabinas son lo suficientemente grandes como para permitir que un niño pequeño pueda ir sentado en la falda de un adulto y permitirle mirar ese nuevo mundo que se abre ante sus ojos, sin perder el calor y la seguridad del contacto directo con mamá o papá. Qué magnífica forma de solidificar el lazo afectivo entre un niño y sus padres y poder sellarlo con la naturaleza.
Los primero viajes juntos deben ser una experiencia positiva para establecer el ambiente de aventuras futuras, así que haga un esfuerzo especial por crear experiencias divertidas e interesantes. Seleccione destinos cortos, que no queden a más de 30 minutos de distancia, para que la familia pueda detenerse y hacer un picnic. Traiga meriendas y bebidas para ese viaje a lo largo de la costa y explique las imágenes y los sonidos de la naturaleza.
A diferencia de lo que sucede en las canoas, en los kayaks los niños pequeños van sentados lo suficientemente bajos como para permitirles, sin importar el tamaño, tocar el agua y chapaletear. Una cuchara grande de madera de cocina es un primer remo excelente, sólo recuerde hacerle un agujero para colocarle una correa y atarla a la muñeca del niño, a menos que quiera que todos pasen el día sacándola del agua unas 50 veces. A menudo, puede que el pequeñín se quede dormido con el movimiento rítmico del kayak, mucho antes de llegar a la casa.
Incluso cuando llueve puede ser divertido, siempre y cuando tengan la vestimenta adecuada para la lluvia y una actitud positiva. Algunas de las aventuras más agradables que hemos tenido han sido en los días tranquilos y lluviosos de verano.
Cuando el niño tiene dos o tres años, sugerimos sacarlo de la falda y colocarlo en el asiento trasero de un kayak para adultos, de frente a la proa. Esto les brinda espacio y comodidad para las piernas. Colocar un cojín o una frisa en el piso de la proa posterior protege al niño contra el frío del casco de la embarcación.
Entre los cinco a seis años, puede que los niños quieran remar por sí solos. Lidiar con la longitud y el peso del remo puede ser difícil al principio, pero con algo de ayuda y orientación, los niños aprenden rápidamente. Es una experiencia muy satisfactoria, igual que cuando uno suelta la bicicleta sin las ruedas protectoras y los deja correr solos por primera vez.
Al principio, el niño se cansará rápidamente de pilotear el kayak, así que tener una cuerda de remolque garantiza un día más largo y positivo para todos. Cuando Justin decía “Papá, no tengo más energía”, amarrábamos la cuerda a nuestro kayak para halarlo y cuando le regresaba la energía, la soltábamos y allá salía nuevamente a toda velocidad salpicando agua por todas partes.
La seguridad de un niño mientras se practica este deporte recae totalmente en el adulto que lo acompaña y desde temprana edad debe infundírseles que nunca pueden estar solos en el agua. Es esencial que los adultos conozcan sus propias limitaciones al remar, que se percaten de los cambios en el viento y el tiempo y que usen el sentido común para minimizar los riesgos.
El equipo necesario incluye: el tamaño adecuado de kayak, materiales de flotación personal de calidad -los cuales todos deben llevar puestos siempre- sombreros, bloqueador solar y gafas de sol; zapatos a prueba de agua y con buen agarre, algo para cubrirse y mucho líquido para beber, incluso en viajes cortos. Hágalo divertido y las destrezas esenciales las aprenderá rápidamente. Hoy, a los 13 años, Justin rema un kayak de mar mejor que muchos adultos.
A medida que las personas buscan escapar de las presiones del diario vivir a través de valores familiares más sencillos, recordamos que lo que nos fascinaba como niños tiene repercusiones durante toda nuestra vida. Explorar una isla cercana y tirarse a nadar desde el kayak en una playa desierta, inspira la mente de los niños con la emoción del descubrimiento, y en los términos de la naturaleza, escogiendo un remo en lugar de un motor.
Larry y Christine Showler son propietarios de Frontenac Outfitters Canoe & Kayak Centre, un poco al norte de Kingston, Ontario, Canadá. Para más información, visite http://Frontenac-Outfitters.com.
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