“No existe peor tragedia que saber lo que es correcto y no hacerlo”.
 Martin Luther King, Jr/Premio Nobel de la Paz, 1964


Cada día más personas buscan vivir una vida más natural: alimentarse mejor, hacer ejercicios, buscar experiencias edificantes y de crecimiento, proteger el ambiente y los animales y disfrutar de nuestra Madre Naturaleza.  Comencemos por reconocer que vivir una vida natural es un derecho fundamental de todo ser humano, pero conlleva nadar contra la corriente, romper esquemas, librar batallas, debatir cuestionamientos y retar lo establecido.  Al reclamar ese derecho tenemos que estar preparados para enfrentar las consecuencias de esa decisión. Se requiere un gran sentido de compromiso porque todo a nuestro alrededor nos impulsa a vivir en un sentido totalmente contrario a lo que es una vida al natural, comenzando con nuestra alimentación.

Siempre hago énfasis en que una alimentación vegetariana es la base de una vida natural.  Se puede ser vegetariano y no ser naturista, pero no es posible ser naturista sin ser vegetariano. Esto quiere decir que usted podría adoptar una dieta vegetariana pero no hacer otros cambios en su vida conducentes a una vida natural, por ejemplo, trabajar para conservar el ambiente, desarrollar un huerto casero y/o apoyar la agricultura orgánica, defender los derechos de los animales, y practicar el reciclaje, entre otros.  En ese caso usted sería vegetariano, pero no naturista.  Sin embargo, si usted aspira a ser naturista, debe considerar todas esas acciones, además de ser cien por ciento vegetariano, es decir, no consumir carne de cerdo, res, aves ni productos derivados de estos.

Adopté el vegetarianismo hace dieciocho años por razones de salud, hoy día soy vegetariana por razones éticas. Esa ética responde a mi preocupación por la matanza de animales para sostener la alimentación carnívora; la deforestación del planeta y la destrucción de los cuerpos de agua relacionada con la crianza de animales para el consumo; y el daño a la salud que ocasiona la ingesta de animales cargados de hormonas, antibióticos y alimentos procesados y desnaturalizados.  Cuando la decisión de ser vegetariano trasciende el aspecto de dieta y consumo y se convierte en un asunto de ética de vida esa determinación adquiere otra dimensión. Se da cuenta uno entonces de que ser vegetariano es una decisión muy personal que tiene serias implicaciones colectivas.

Cuando decidimos vivir una vida natural y adoptar la alimentación vegetariana encontramos entre nuestras personas más cercanas y queridas a nuestros más fuertes críticos. Muchas veces esto responde a falta de información por parte de ellas o a que el cambio en nuestra vida les confronta con su propia incapacidad para hacer el cambio que hace tiempo reconocen como necesario en sus propias vidas.  Ante esta situación es importante reconocer que el hecho de que uno sea vegetariano no le hace a uno mejor o peor que nadie.  Cada persona es perfecta. Cada persona está donde tiene que estar de acuerdo a su estado de conciencia.  Todo el mundo está en el camino que ha escogido. No es nuestra función andar por el mundo predicando el vegetarianismo como la verdad absoluta y que todo el que no comulgue con esa idea está mal.  Nuestro ejemplo será suficiente. Para el que esté listo para el cambio le serviremos de motivación para lograrlo. El que no, está bien también, es su elección, es su camino y es también su derecho.

Hace unos meses estuvo de visita en Puerto Rico la Dra. Jane Goodall, antropóloga, activista en pro de los derechos de los animales, particularmente los chimpancés, ambientalista, vegetariana y un ser humano muy especial.  Tuve el privilegio de ser su intérprete durante los cuatro días que pasó en Puerto Rico. En un aparte con ella le expresé mi tristeza al ver que aunque el mensaje de adoptar estilos de vida naturales y ser vegetariano tiene tanta urgencia para nuestra sobrevivencia como especie, la mayoría de las personas no comparten ese mensaje. Le pregunté que cómo podemos ser más efectivos en comunicar esa urgencia.  Me contestó “Lo más importante es no hacer sentir a nadie que está equivocado. Simplemente se tú un ejemplo. Lo demás vendrá por añadidura”.  Esa respuesta, de una persona que ha sido nominada varias veces al Premio Nobel de la Paz, me conmovió.

Cuando pienso en vivir una vida natural, también me conmuevo. Porque es tanta la belleza que la naturaleza tiene reservada para nosotros que sueño con un mundo donde volvamos a ese estilo de vida, donde regresemos a la Madre Tierra y comamos todos juntos los manjares que ella nos regala. Por eso soy vegetariana, por eso me dedico a educar sobre el tema. Porque creo firmemente que es nuestro derecho y parte fundamental de nuestra libertad como seres humanos. 

Josy Latorre es cantante, traductora/intérprete, activista y educadora sobre temas de la vida natural y autora de Vida Natural…para todos. Mensualmente ofrece talleres sobre el tema. Contacto: naturalmentejosy@gmail.com (787) 732-426