por Dr. Michelle May
Los niños nacen con la capacidad de comer por instinto, completamente a tono con sus señales internas de hambre y saciedad.
Por lo general, los padres son los facilitadores principales de las lecciones de vida para sus hijos, pero en algunos campos, es mejor dejar que los niños sean los que nos enseñen. Su conducta natural a la hora de alimentarse, por ejemplo, es un modelo de opciones sabias para todos nosotros. A continuación algunas reglas básicas:
Coma cuando tenga hambre. Desde que nacen, los bebés saben cuándo y cuánto necesitan comer y lloran para dejarlo saber. A medida que crecen, ese instinto vital va olvidándose, así que cuando llegan a adultos, la mayoría ha aprendido a comer por otras razones fuera de tener hambre. Al reconocer la diferencia entre necesitar comer y querer comer, los adultos pueden volver a aprender cuándo y cuánto comer.
Dejar de comer cuando esté satisfecho. Los bebés voltean la cabeza cuando han comido lo suficiente y los de más edad tiran la comida al piso cuando no quieren más. Pero como adultos, limpiamos el plato porque desde pequeños nos hablaron sobre cómo hay niños muriendo de hambre y sentimos una obligación social de hacerlo… o sencillamente porque nos sabe bien lo que estamos comiendo.
Tener hambre hace que nos pongamos de mal humor. Un bebé con hambre, cansado o frustrado, se pone de mal humor. A los adultos les pasa exactamente lo mismo. Atienda sus necesidades de alimentación y no se desquite el mal humor con las personas que lo rodean.
Las meriendas son buenas. Cuando los niños tienen hambre prefieren comer comidas más pequeñas y merendar entre comidas. Este patrón de comer hace que su metabolismo esté abastecido todo el día; lo mismo sucede con los adultos.
No hay alimentos malos. Los niños nacen con una preferencia natural por los alimentos dulces y rápidamente aprenden a disfrutar de las grasas. Dichos alimentos pueden ser parte de una dieta saludable. De hecho, los estudios muestran que las reglas exageradamente restrictivas con respecto a los alimentos pueden hacer que los niños se sientan culpables o avergonzados, lo que puede conducirlos a que coman por rebeldía. Todos comen más saludable cuando aprenden a disfrutar de los alimentos menos nutritivos, pero con moderación y sin tener que privarse de éstos.
Ser melindroso a la hora de comer. Los niños rara vez comen algo que no les gusta. Considere cuánto se reduciría la cantidad que come si dejara de consumir aquellos alimentos que saben… más o menos.
Aprender a disfrutar de los alimentos nuevos. Comer saludable es un gusto adquirido, así que brinde una diversidad de alimentos saludables y atractivos a la hora de comer. Si los niños nos ven comiendo alimentos saludables, aprenderán a hacer lo mismo. Puede que tenga que hacer que prueben dos bocados de un alimento nuevo más de 10 veces antes de que les guste, pero los niños a menudo se sorprenden al darse cuenta que les gusta algo que pensaron que nunca les gustaría.
Sacarle el máximo a sus alimentos. Comer es una experiencia totalmente sensorial para los niños; tienen que examinar, oler y tocar cada bocado. Usted apreciará más los aromas, la apariencia y los sabores de los alimentos que consume si no está conduciendo, viendo televisión, trabajando en la computadora, leyendo o de pié al lado del fregadero.
Comer con la familia es divertido. A los bebés y a los niños pequeños les encanta comer con otras personas. La hora de la cena familiar es una gran oportunidad para crear buenos hábitos, desarrollar destrezas conversacionales y conectarse unos con otros. Con los niños de más edad, es buena idea que cada miembro de la familia comparta cómo les fue durante el día.
Una fiesta es mucho más que pastel y helado. Invite a unos niños a una fiesta y querrán saber qué les va a tocar hacer; invite a unos adultos y se preocuparán por los alimentos que se van a servir. En lugar de evitar las reuniones donde se servirá comida, concéntrese en los aspectos sociales del evento.
Dormir es bueno. Los niños necesitan dormir bien por la noche para estar preparados para las aventuras del próximo día. Todos se benefician de tener una rutina consecuente con respecto a la hora de acostarse a dormir.
Vivir el momento. Los niños tienen una maestría de vivir en el presente; no pierden mucha energía en preocuparse sobre lo que ya pasó o lo que pueda suceder mañana. Están completamente centrados en la búsqueda de cosas divertidas. Los adultos se beneficiarían de reconsiderar las verdaderas alegrías que brinda la vida y aprender mucho de los niños.
Michelle May es médico y fundadora del programa de alimentación concienzuda, Am I Hungry? (AmIHungry.com) y autora galardonada del libro, Eat What You Love, Love What You Eat. Su misión es ayudar a las personas a romper con hábitos nocivos como comer sin pensar o por emociones para que todos puedan vivir una vida más vibrante y saludable.
Comer hasta que esté satisfecho es más importante que comer todo lo que hay en el plato.