Pregúntele a Isaac Graves cómo era su séptimo grado en The Free School en Albany, Nueva York, y este le pintará una imagen que parecerá un sueño para muchos de los estudiantes convencionales de escuela intermedia—y una pesadilla para sus administradores. No había exámenes ni asignaciones y casi no había itinerarios.
En un día típico, los estudiantes de todas las edades se dispersan por el edificio libremente, algunos participando de forma espontánea en un juego de
Dungeons and Dragons en un salón, mientras otros planifican un viaje a Puerto Rico, aprenden español de un compañero estudiante o diseñan una revista literaria en la computadora. En las reuniones semanales de la democrática escuela, ellos votan por todo, desde qué clases opcionales debe ofrecer la escuela hasta de qué color pintar las paredes; tampoco se les pide rellenar los pequeños círculos con un lápiz número 2 para probar que han aprendido algo.

“A una edad temprana teníamos control de nuestra educación”, recuerda Graves, un hombre de 23 años increíblemente astuto que ahora vive en Oregón y trabaja como planificador de eventos. “Tuve que descifrar qué quería, cuáles eran mis pasiones y cómo acceder a la información en una variedad de formas. Tenía que interactuar con adultos de una forma real—no solo como figuras de autoridad. Tenía que aprender a aprender”.
Para muchos, la noción de una escuela sin itinerarios—en la que los niños y los adultos tienen igualdad de opinión y la palabra “examen” es casi una mala palabra—parece totalmente inaceptable en nuestra sociedad de hoy día, en donde, el financiamiento de la educación está atado a la ejecutoria académica cada vez más. Pero 40 años después del nacimiento de The Free School y del movimiento de “democratización de la educación” que desde los 1960 la inspiró, la casi difunta filosofía parece estar haciendo un regreso.
En mayo, un grupo de educadores fundó el Instituto para la Educación Democrática en América (IDEA, por sus siglas en ingles), que mediante reuniones en los pueblos, redes sociales y educación en línea, pretende ayudar a los maestros a inculcar en los estudiantes mayor poder decisional en lo que ellos ven como un sistema escolar público desde los grados K-12. Mientras tanto, nuevas escuelas privadas democráticas han abierto en Seattle, Portland, ciudad de Nueva York, Denver y en otros lugares, para un total de 85 escuelas, según la Alternative Education Resource Organization (AERO). Las opciones en Internet han subido hasta 12,000 alternativas, incluidas aquellas afiliadas a Montessori, Waldorf, Democrática y otros métodos, que aunque difieran en el currículo, todas comparten una dedicación y enfoque centrados en el estudiante.
En contraste, según el Departamento de Educación de los Estados Unidos, el número de niños matriculados en las escuelas públicas asignadas bajó un 80 por ciento en 1993 y un 73 por ciento en el 2007. “Estamos en un punto crucial”, dice Jerry Mintz, fundador de AERO en 1989. “Todos saben que algo anda mal con el sistema de educación actual y las personas han comenzado a darse cuenta que tienen opciones”.
Viejos modelos de educaciónCuando los padres pisan muchos de los salones de clase de las escuelas públicas de hoy día, encuentran filas de pupitres bien alineadas ocupadas con niños, mientras la maestra parada frente al salón enseña la lección. Cuando suena el timbre, van a otro salón donde se repite la misma escena. De acuerdo a los historiadores en educación, esto no es un accidente.
Con la Revolución Industrial en camino durante los 1800 y las olas de familias emigrando de lugares rurales (donde la vida era dictada al ritmo de las estaciones climáticas) hacia las ciudades, los pioneros en educación se enfrentaron a una gran tarea. “Los líderes cívicos se dieron cuenta que las personas no estaban bien preparadas para este nuevo estilo de vida de trabajar en una fábrica”, explica Ron Miller, Ph.D., historiador en educación con múltiples publicaciones.
“La educación pública fue diseñada con la idea de que las personas aprendieran a manejar un itinerario establecido, seguir instrucciones y finalizar con un producto. El día estaba dividido en periodos de tiempo que se avisaban mediante una campana porque eso era lo que suponía el trabajo en la fábrica”. Miller plantea que ese sistema sirvió bien su propósito. “Los Estados Unidos se convirtió en una sociedad industrial tremendamente productiva”.
Pero para los 1960 algunos críticos comenzaron a señalar lo que ellos veían como una gran hipocresía. América reclamaba ser una sociedad democrática, pero aún así a nuestros ciudadanos más jóvenes no se les daba la oportunidad de opinar. En 1968, un grupo de padres en Sudbury, Massachusetts, fundó la Sudbury Valley School, un centro de aprendizaje de K-12 donde, literalmente, se le prohibía a los adultos iniciar actividades mientras los niños escogían qué hacer, dónde y cuándo (
SudVal.org). Un año más tarde, una mamá de nombre Mary Leue, partidaria de la enseñanza en el hogar, abrió The Free School en Albany (
AlbanyFreeSchool.com). Ya para el 1970 operaban tanto como 800 escuelas democráticas. Mientras que estos dos modelos han sobrevivido y proliferado, Miller dice que el movimiento mayor fue usurpado para el 1980 por la tendencia hacia una mayor estandarización con el cierre de la mayoría de las escuelas democráticas.
Ahora, el creciente descontento con la estandarización ha inspirado un resurgimiento.
“El sistema público tiende a operar bajo el paradigma de que los niños son naturalmente vagos y necesitan ser forzados a aprender, por lo tanto necesitan asignaciones y exámenes para motivarse”, dice Mintz. Los creyentes de la educación democrática y de otros enfoques centrados en el estudiante creen que los niños tienen una pasión natural por aprender y son buenos jueces sobre lo que ellos necesitan saber. Nuestro trabajo como educadores es proveerles los recursos.
Democracia renovada en acciónSe le puede dar crédito por el renacimiento de la escuela democrática, en parte, a Alan Berger, maestro idealista de Nueva York, que luego de leer un artículo en el 2002 sobre el movimiento de la Escuela Libre de los años 60, se inspiró y abrió el Brooklyn Free School en el sótano de una pequeña iglesia. Hoy día, la escuela prospera con un diverso cuerpo de estudiante, un nuevo edificio de cinco pisos que ellos llaman hogar y una escala móvil que permite a todos los niños, de diferentes sectores económicos, participar en una educación que mayormente han creado ellos mismos.
En una mañana típica, los estudiantes se reúnen en el salón de música para una sesión improvisada de música de los Beatles, hacen yoga en el pasillo, garabatean arte en las paredes designadas para eso o se sientan en la biblioteca a leer. Algunos asisten a clases opcionales de matemáticas y escritura. Para otros, el plan educativo del año se desarrolla más orgánico a partir de una meta mayor. Por ejemplo, en preparación para un viaje escolar a Tanzania, algunos estudiantes estudian Swahili, cocina africana e historia de la región.
“Hay tantas cosas que me encantan aquí”, delira el estudiante Erin Huang Schaffer en un nuevo documental sobre la escuela llamado
The Good, The True, and The Beautiful. “Me encanta hacer arte y dibujar, y he comenzado a hacer cuentos… recién comencé a conocer tanto del mundo”.
A mil millas lejos, una nueva escuela pre-escolar llamada The Patchwork School, en Louisville, Colorado, aplica los mismos principios a estudiantes mucho más jóvenes. En días recientes, un grupo de niños de 5 años tuvieron unas elecciones y eligieron pasar la mañana construyendo ciudades de cartón en miniatura. Entonces su instructor, un niño precoz de 5 años llamado Evan, dirigió el trabajo, repartió pinturas, tijeras, palitos de madera y pega mientras los adultos observaban silenciosamente.
“Todo el mundo aquí tiene una voz”, afirma Elizabeth Baker co-fundadora de Patchwork, quien recibió enseñanza en el hogar. “Si en estos momentos podemos validar quiénes son ellos como personas, pueden salir al mundo con la confianza de que sus ideas y opiniones cuentan.
¿Pero estarán preparados para ese mundo?
¿Dada esta libertad, los niños escogerán aprender las destrezas básicas como escribir y matemáticas? ¿Cómo esta nueva cepa de estudiantes revolucionarios se probará ante una junta universitaria si no tienen notas? ¿Y cómo prosperarán estos niños que han estudiado en el hogar con poca estructura y sin jerarquía en un mundo de tanta competencia? Abunda el escepticismo y ellos han levantado estos cuestionamientos.
Mientras tanto, encuestas informales sobre graduados de escuelas democráticas arrojan respuestas mixtas.
Para su nuevo libro,
Lives of Passion; School of Hope, Rick Posner, Ph.D., entrevistó a 431 ex alumnos de la democrática Jefferson County Open School en Denver (una de las escuelas más antiguas con relación a la enseñanza alternativa en el país) y encontró que 91 por ciento asistió a la universidad, 85 por ciento completó los programas y 25 por ciento lograron estudios graduados. Muchos alabaron su educación desde K-12. “Gracias a la escuela, estoy menos influenciado por la necesidad de confort y no tengo miedo a tomar riesgos”, dice Adelle, graduada en 1986, quien es administradora de proyectos en una compañía de entretenimiento.
Otros comentarios no fueron tan entusiastas: “Encontré que tuve que luchar para estar a la par con los otros estudiantes, la escuela falló en proveerme incluso las destrezas más básicas en matemáticas”, dice Mary, graduada en 1991. Kristin, de la clase del 1997 añade, “cuando estaba solicitando admisión a la universidad hubiera querido tener alguna otra documentación que no fuera únicamente mi autoevaluación; pienso que esto me hizo daño”.
Pero otros ex alumnos sostienen que la lucha es sólo temporal y, en retrospectiva, bien vale la pena.
Meghan Carrico, 47, asistió a la escuela democrática en North Vancouver desde los 8 hasta los 13 años de edad. Le informó a Natural Awakenings que a ella le fue bien académicamente cuando pasó a la escuela superior en el sistema público, pero encontró que “me aburría y me rechazaban socialmente”, con maestras que no apreciaban su tendencia a cuestionar la autoridad e ir más allá del status quo. Se salió de la escuela en grado 11, lo que hizo de nuevo, por las mismas razones, al tratar de obtener un grado asociado.
“Si contradecía a un profesor, me daban mala nota”, recuerda ella. Finalmente, Carrico pudo abrirse camino en Antioch College, centro altamente progresivo localizado en Ohio (una de las 815 universidades que en la actualidad están dispuestas a considerar estudiantes sin los resultados de las pruebas de escuela superior). Terminó con una maestría en liderazgo y adiestramiento y terminó en un trabajo que ama, enseñando en una escuela democrática.
Aunque Carrico piensa que sus primeros años escolares podrían no haberla preparado para acoplarse al salón de clase convencional o lugares de trabajo con poderes gerenciales, definitivamente sí la capacitó para un mundo cambiante en que los trabajos en las fábricas están mermando y las personas tienen que pensar más allá de lo establecido. “Las personas que de verdad son exitosas en el mundo de hoy día no están esperando que se les diga qué hacer”, comenta. En cambio, “están creando redes sociales de forma activa y en la propia búsqueda del conocimiento; estas son las mismas bases que aprendieron desde kindergarten en las escuelas democráticas”.
Dejando a un lado el éxito universitario y profesional, Miller cree que la mejor forma de determinar si la educación democrática funciona es visitar una escuela y hacer la siguiente pregunta: “¿Están o no encantados con la escuela?”
Recientemente en una tarde del mes de mayo en la Colorado’s Jefferson County Open School, los estudiantes compartían sentados en mullidos sofás o sentados en la escalera con la principal, a quien llaman Wendy. Se acababa el año escolar y el clima era cálido, pero no tenían prisa por partir.
Para Anna Reihmann, 17, una graduanda con un excelente récord académico, que asistió a esta escuela desde pre-escolar y fue aceptada en la universidad, este día en particular era uno agridulce. “He aprendido tanto sobre quién soy como persona. Siempre ha sido como mi hogar”, dijo ese día. Y dijo tres palabras que muchos padres y maestros no escuchan a menudo de parte de los estudiantes: “Amo la escuela”.
Lisa Marshall es una escritora independiente residente en Lyons, CO. Puede contactarla en LisaMarshall08@gmail.com.“Montessori es en realidad una filosofía educativa de que ‘ningún niño se quede atrás’. Si está listo para continuar, entonces continúa. Si no, puede seguir en la tarea hasta que lo logre”.
~ Tanya Stutzman, cuyos seis hijos asistieron a una escuela Montessori en Sarasota, Florida
“La lectura, escritura y lo académico saldrán eventualmente, según el día a día requiera que lo aprendan”.
~ Wonshe, quien educó ambos hijos fuera de la escuela en el campo, en Virginia
“Waldorf entendió que hay muchas formas de los niños expresarse por ellos mismos—no sólo las palabras y la parte académica, pero a través de la creatividad”.
~ Patrice Maynerd, quien matriculó a su hijo en la educación Waldorf a la edad de 3
Recursos que sirven de ayudaDemocraticEducation.orgDemocraticEducation.comEducationRevolution.orgFairTest.orgUna guía rápidaUna aproximación a la educación alternativaMontessori
El método Montessori nació en 1907 en los barrios de Italia, cuando la doctora Maria Montessori fundó la Casa dei Bambini o la Casa de los Niños, una escuela para 50 pre-escolares. Ella pensaba que los niños aprendían mejor cuando se les permitía explorar de forma independiente en un ambiente ordenado, con suficientes materiales para trabajar con sus manos y utilizando los cincos sentidos.
En la actualidad, en los Estados Unidos operan 10,000 escuelas Montessori. Más de un 60 por ciento de su matrícula es para niños menores de 6 años, con un número que va en aumento y se extiende hasta la escuela superior, los niños se agrupan por espacios de tres años.
Los salones para los niños más jóvenes están equipados con muebles y cocinas en miniatura, lo que les permite preparar sus propias meriendas y almuerzos. La independencia y el orden son clave, mientras los estudiantes tienen la libertad de moverse alrededor de salón, seleccionar materiales muy bien ordenados como cuerdas con cuentas que representan números o bloques de madera que simbolizan letras.
“Montessori es híper-intelectual”, comenta Tim Seldin, del International Montessori Council. “Ayudamos a los niños a crecer como escolares alegres”.
Un estudio de 2006 publicado en la revista
Science Magazine encontró que los niños de 5 años en educación Montessori estaban significativamente mejor preparados en ciencias y matemáticas que aquellos que asistieron a un pre-escolar convencional. También salieron mejor en las pruebas de función ejecutiva, definida como la capacidad de adaptación al responder a un problema.
“No hacen que te memorices hechos”, dice Natacha Stutzman, de 15 años de edad, quien asistió a una escuela Montessori en Sarasota, Florida hasta octavo grado. “Ellos enseñan lecciones de vida”.
Para más detalles visite Montessori.org.WaldorfEl movimiento Waldorf comenzó en 1919, cuando el científico austriaco Rudolf Steiner estableció una escuela para los hijos de los empleados de la fábrica de cigarrillos Waldorf Astoria en Stuttgart, Alemania. Según su filosofía, los niños pasan a través de etapas de tres y siete años, primero absorbiendo del mundo a través de los sentidos en la niñez temprana y más tarde mediante la fantasía y la imaginación. Solo después de la pubertad viene el poder del intelecto racional y abstracto. Por consiguiente, los educadores del método Waldorf de los grados primarios enfatizan en el juego libre y la fantasía, y desalientan la exposición a los medios. La mayoría de las escuelas no permiten computadoras en el salón de clases hasta escuela intermedia y la lectura no se enseña hasta el segundo grado.
“En estos momentos cuando los niños de kindergarten se están volviendo más académicos, los estamos protegiendo de su derecho a jugar”, menciona Patrice Maynerd, directora comunitaria de la Asociación de las Escuelas Waldorf en Norte América. Explica que en lugar de usar libros de texto, los estudiantes crean sus propios libros de lecciones que van construyendo hasta la escuela superior. En contraste con la eliminación generalizada de las clases de arte y música en las escuelas públicas, la filosofía de Waldorf se centra en crear “el Niño del Renacimiento”, animando a cada estudiante a tocar un instrumento y participar en teatro.
Los maestros siguen sus clases los primeros ocho años, lo que hace que un estudiante tenga un mismo instructor a través de toda su experiencia escolar. Existen 165 escuelas Waldorf en Norte América. Una encuesta auspiciada por Waldorf, entrevistó 526 graduados y encontró que 94 por ciento asistió a la universidad, y 90 por ciento está altamente satisfecho profesionalmente hablando.
Más detalles en WhyWaldorfWorks.org.Enseñanza en el hogar y sin escuelaEn la actualidad más de 2 millones de estudiantes en los Estados Unidos reciben educación en sus casas. Según el Departamento de Educación, en el 1999 el número alcanzaba los 850,00. Mientras escasamente un 90 por ciento de estos estudiantes siguen algún tipo de currículo establecido, cerca del 10 por ciento se adhiere a otro tipo de acercamiento llamado “sin escuela” (
unschooling)—muy parecido a la educación democrática—que permite a los estudiantes escoger qué y cómo quieren aprender, y por cuánto tiempo.
“Yo defino el “sin escuela” como permitir a los niños tanta libertad para aprender hasta dónde sus padres puedan tolerar”, dice Pat Farenga, presidente de Holt Associates Inc., una firma de consultoría de enseñanza en el hogar”. Por ejemplo, un niño o una niña interesados en autos de carrera podrían interesarse en estudiar sobre la maquinaria (ciencia), cómo y cuándo se construyó el automóvil (historia y comercio) y quién lo construyó (biografía). Aprenden cuando les hace sentido hacerlo”.
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