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Mejorando la Comunicación con Nuestros Hijos
- Edición Agosto 2010
- Publicado 07/28/2010
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Por Mayra Nevarez, PhD
Muchas madres que vienen a consultarme se quejan de que sus hijos no les hacen caso. “Cuando les hablo, es como hablar sola, no parecen escucharme.” Otros padres se dan cuenta que mientras más crecen sus hijos, menos saben de la vida de estos; y es que desgraciadamente la mayoría de los padres dan importancia a que los hijos se porten bien, que tengan buenas notas, un cuarto hermoso, una buena alimentación, a proveerles necesidades materiales y no le dan importancia a la comunicación. Si no desarrollamos una buena comunicación con nuestros hijos, no podemos transmitirle efectivamente los valores que queremos que tengan y no sabremos sobre sus necesidades reales.
Si usted tuviese una grabadora prendida desde que éstos se despiertan hasta que se duermen en casa, ¿qué escucharía? ¿Cuántas conversaciones reales con sus hijos escucharía? Quizás, ¿lo que se escucharía sería una serie de mandatos, regaños y cantaletas: levántate, desayuna, vístete, avanza que vamos tarde, cállate, estate tranquilo, no hagas...)?
La crianza de un niño no es fácil. Es necesario que los padres den instrucciones, en ocasiones reprendan y, por supuesto, que es normal que en ocasiones se desesperen y pierdan la paciencia. Sin embargo, esto no es lo único que puede haber en la relación y comunicación con nuestros hijos. Si así lo permitimos, no podemos quejarnos que nuestros hijos crezcan sin comunicarse con nosotros, sin saber nada de su vida, y sin tener mucho en común con ellos.
La comunicación empieza a desarrollarse desde que el niño nace. Cuando nuestros hijos son bebés, los arrullamos, les hacemos mimos y les hablamos, aún cuando ellos no puedan respondernos. Es así como los seres humanos aprendemos a comunicarnos, en el marco de esta relación de amor. Cuando nuestros hijos empiezan a hablar y a descubrir el mundo, es el momento de empezar a desarrollar la buena comunicación. No importa cuán ajetreada pueda ser nuestra vida, es importante sacar tiempo para jugar y hablar con ellos: preguntarles qué les gusta, escuchar sus mil preguntas (no tiene que contestárselas todas), atenderles y conversarles.
Lo difícil empieza en la edad escolar. En esta edad los niños comienzan a desarrollar otros intereses y otra vida fuera del ámbito familiar. Acostúmbrese a hablarles a diario. Utilice, por ejemplo, el tiempo en el auto para preguntarles cómo les fue, sobre sus amigos, sus preferencias, sus juegos, sobre lo que no les gusta. Para que se logre esa comunicación efectiva, debemos aceptar que se trata de conversarles y todavía aun más, de escuchar. Conviene también recordar que la mayoría de los niños son criaturas de acción. Si quiere darse la oportunidad con ellos, tiene que compartir tiempo de acción: busque un juego que puedan compartir. Si al niño le encantan los juegos de video, a usted no tiene que gustarle jugar tales juegos, pero sí puede invitarle a que le explique cómo es el juego, y la historia detrás del mismo. Si practica un deporte, acompáñelo, involúcrese, sepa el nombre de sus compañeros de equipo, celebre sus triunfos y acompáñelo en sus derrotas. Si le gusta dibujar, pídale que le explique su dibujo… escuche atentamente y comente con precaución.
Por otra parte, también es importante que respete el espacio privado de sus hijos. A medida que ellos crecen, este espacio privado se hace más grande y es importante que usted trate con respeto sus necesidades de privacidad. Recuerde que usted quiere tener buena comunicación, pero no confunda esto con querer convertirse en el “mejor amigo” de su hijo o hija. Los hijos no necesitan que sus padres sean sus “amigos”, ellos deben tener amigos y amigas de su edad. Los padres deben hacer su función de padres, pero si tienen buena comunicación con ellos, pueden desarrollar fuertes lazos de afecto y respeto que los sostengan en momentos difíciles o de tensión.
Y recuerde, nunca es demasiado temprano o demasiado tarde para comunicarse mejor con estas pequeñas personas que están a nuestro cargo en la vida.
Mayra Nevares Ph.D. es psicóloga clínica y psicoanalista. Se ha especializado en psicoanálisis, terapia de juego, psicoterapia de adolescentes y adultos y consejería a padres. Tiene oficina privada en Río Piedras y su teléfono es (787) 568-6414.
Si usted tuviese una grabadora prendida desde que éstos se despiertan hasta que se duermen en casa, ¿qué escucharía? ¿Cuántas conversaciones reales con sus hijos escucharía? Quizás, ¿lo que se escucharía sería una serie de mandatos, regaños y cantaletas: levántate, desayuna, vístete, avanza que vamos tarde, cállate, estate tranquilo, no hagas...)?
La crianza de un niño no es fácil. Es necesario que los padres den instrucciones, en ocasiones reprendan y, por supuesto, que es normal que en ocasiones se desesperen y pierdan la paciencia. Sin embargo, esto no es lo único que puede haber en la relación y comunicación con nuestros hijos. Si así lo permitimos, no podemos quejarnos que nuestros hijos crezcan sin comunicarse con nosotros, sin saber nada de su vida, y sin tener mucho en común con ellos.
La comunicación empieza a desarrollarse desde que el niño nace. Cuando nuestros hijos son bebés, los arrullamos, les hacemos mimos y les hablamos, aún cuando ellos no puedan respondernos. Es así como los seres humanos aprendemos a comunicarnos, en el marco de esta relación de amor. Cuando nuestros hijos empiezan a hablar y a descubrir el mundo, es el momento de empezar a desarrollar la buena comunicación. No importa cuán ajetreada pueda ser nuestra vida, es importante sacar tiempo para jugar y hablar con ellos: preguntarles qué les gusta, escuchar sus mil preguntas (no tiene que contestárselas todas), atenderles y conversarles.
Lo difícil empieza en la edad escolar. En esta edad los niños comienzan a desarrollar otros intereses y otra vida fuera del ámbito familiar. Acostúmbrese a hablarles a diario. Utilice, por ejemplo, el tiempo en el auto para preguntarles cómo les fue, sobre sus amigos, sus preferencias, sus juegos, sobre lo que no les gusta. Para que se logre esa comunicación efectiva, debemos aceptar que se trata de conversarles y todavía aun más, de escuchar. Conviene también recordar que la mayoría de los niños son criaturas de acción. Si quiere darse la oportunidad con ellos, tiene que compartir tiempo de acción: busque un juego que puedan compartir. Si al niño le encantan los juegos de video, a usted no tiene que gustarle jugar tales juegos, pero sí puede invitarle a que le explique cómo es el juego, y la historia detrás del mismo. Si practica un deporte, acompáñelo, involúcrese, sepa el nombre de sus compañeros de equipo, celebre sus triunfos y acompáñelo en sus derrotas. Si le gusta dibujar, pídale que le explique su dibujo… escuche atentamente y comente con precaución.
Por otra parte, también es importante que respete el espacio privado de sus hijos. A medida que ellos crecen, este espacio privado se hace más grande y es importante que usted trate con respeto sus necesidades de privacidad. Recuerde que usted quiere tener buena comunicación, pero no confunda esto con querer convertirse en el “mejor amigo” de su hijo o hija. Los hijos no necesitan que sus padres sean sus “amigos”, ellos deben tener amigos y amigas de su edad. Los padres deben hacer su función de padres, pero si tienen buena comunicación con ellos, pueden desarrollar fuertes lazos de afecto y respeto que los sostengan en momentos difíciles o de tensión.
Y recuerde, nunca es demasiado temprano o demasiado tarde para comunicarse mejor con estas pequeñas personas que están a nuestro cargo en la vida.
Mayra Nevares Ph.D. es psicóloga clínica y psicoanalista. Se ha especializado en psicoanálisis, terapia de juego, psicoterapia de adolescentes y adultos y consejería a padres. Tiene oficina privada en Río Piedras y su teléfono es (787) 568-6414.
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