“El silencio es como arena que erosiona”, dice Gordon Hempton,  premiado ecólogo acústico. “Cuando estás en total quietud, el silencio sopla en contra de la mente y se lleva cualquier cosa que sea suave y que no sea importante. Lo que queda es lo real: consciencia pura y las preguntas más difíciles”.

No es fácil encontrar silencio, cada día este va de camino a la extinción debido al mundo moderno. Si un lugar silencioso es uno en el que no se puede oír sonido alguno generado por el humano durante 15 minutos (en horas del día), entonces no hay lugares silenciosos en Europa. Tampoco al este del Río Mississippi y, quizás, ni 12 en el Oeste Americano, incluida una pulgada cuadrada en el Hoh Rain Forest del Olympic National Park, oficialmente reconocido como el lugar más silencioso en los Estados Unidos (OneSquareInch.org). Al defender este lugar ejemplar de silencio, Hempton, de forma efectiva, está protegiendo el paisaje sonoro de 1,000 millas cuadradas de tierra circundante.

Hempton define el silencio no como algo sin ruido, sino como “la completa ausencia de toda vibración mecánica audible, dejando sólo el sonido de la naturaleza en su forma más natural. El silencio es la presencia de un todo imperturbable”.

Más en detalle explica que “el silencio, no es la ausencia de sonido, pero una forma de vida—una intención de hacer de nuestro oído, nuestro propio cuerpo, una caja de resonancia que resuene con las vibraciones del mundo. El silencio crea una apertura, una ausencia del yo, lo que permite al mundo mayor entrar en nuestra conciencia. Nos trae en contacto con lo que está más allá de nosotros, es belleza y misterio”.

Hempton nos alienta a descubrir la naturaleza por nosotros mismos, habiendo encontrado que, “todo lo que tenemos que hacer es escuchar”. Él observa que los sonidos, más que la vista, nos conectan. Al aprender a escuchar los matices de la naturaleza también aprendemos a escucharnos los unos a los otros.
Su momento favorito del día para escuchar la naturaleza es 30 minutos antes de que salga el sol. “Cuando hay quietud en la atmósfera, no es usual oír algo en muchas millas cuadradas a la vez. El asombro y la gratitud iluminan nuestro ser cuando brisas suaves juegan con las hojas, dándoles movimiento, el sonido de los insectos nocturnos baja y comienza el coro de las aves al amanecer. Cuando lanzamos una piedra al riachuelo y se altera la música del agua, es ahí cuando somos nosotros los que nos emocionamos. Nadie sabe porqué los sonidos naturales hablan tan directamente al espíritu humano, pero sí reconocemos, en un silencioso agradecimiento, que lo hacen.

Gordon Hempton, de Port Angeles, WA, es un ecólogo acústico cuyas premiadas grabaciones de paisajes sonoros en desaparición apoyan su campaña para proteger el silencio de nuestros parques naturales (SoundTracker.com). En los pasados 25 años le ha dado la vuelta al mundo en tres ocasiones buscando documentar los sonidos ambientales. Lea One Square Inch of Silence: One Man’s Search for Natural Silence in a Noisy World y ofrezca su apoyo en OneSquareInch.org/links.

“El silencio es el cerebro del alma”.
~ Gordon Hempton