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El 2012… otro año para vivir y crecer
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Diciembre 2011
Edición Diciembre 2011
Published on 11/28/2011
 
Hay años que agrietarán nuestro futuro con el recuerdo de un misterio que aún nos duela.

Hay años que agrietarán nuestro futuro con el recuerdo de un misterio que aún nos duela. Años cuyos días alborotados nos hicieron vivir en la fiera anormalidad de lo que llamamos normal. Años cuyos días repletos de sorpresas e incertidumbre descartaron  la monotonía exigiendo otros deberes y otros placeres irreconocibles. 

Este 2011 que languidece con su prensa llena de horrores y sometida a presagios impredecibles, que hambrea y angustia a unos, que ha traído arrebato, amores y presagios a otros, ha pasado intenso por las vidas estupefactas de algunos entre los que me cuento. Muchas cosas horribles nos turbaron, otras nos hicieron creer dueños de la luz que palpita en las estrellas. A veces nos tiró la desgracia, otras nos arrebató la dicha. Nos pasó por el centro sin llevarse con él ni el sosiego ni la esperanza. Solo hemos vivido lo que podríamos llamar un año intenso. 

El mundo, por insoportable que parezca un día, recobra al siguiente, quién sabe ni cómo, hasta el último de sus encantos. Hay que mirar nuestro país en un espejo para reconocerlo como el gran horizonte que tenemos, como el territorio en que otros han conseguido el arte de la sobrevivencia, muchas veces antes de que nosotros nos dejáramos entrar en la retahíla de pesares y ansiedad que nos han tomado por su cuenta en los últimos tiempos.  Estos son los momentos para recordar que cuando más oscuro está es porque ya va a amanecer. Cualquier año es bueno para nacer, todos acarrean prodigios y desventuras.   

El 2011 fue un año de retos, de alborotos, de soledades, de miedos, de arrebatos que pretendieron entretener el cuerpo mientras el alma se baraja en la memoria de los porqués. Porqués que no encuentran respuestas, porque están hechos de ilusiones y suspiros. Porque la vida, querido lector,  se juega en el presente, en el aquí y el ahora y la ficha la tenemos en nuestras manos. Cuando creo que mi ficha está llegando a su meta, en muchas ocasiones me encuentro con un letrero que dice “desvío”, queriendo decir que por ahí no es, al menos por ahora. ¿A dónde voy?, me vuelvo a cuestionar, y sigo adelante, por otra ruta, quizás un poco más larga, que me lleva al mismo lugar o a otro que no estaba en mis planes. Vuelvo a cuestionar, y no hay respuesta. Solo fluir y confiar en que el camino es el que es, a pesar de mi berrinche, porque la vida deja de tener sentido cuando dejamos de aprender de nosotros mismos.

Llegaron cosas que no esperaba. Otras que esperaba desesperadamente se quedaron en otro lugar. El juego de esperar las cosas que al final son cosas sin sentido, porque lo real y verdadero ni me lo da ni me lo quita nadie porque me pertenece por derecho de conciencia, porque es mi herencia, porque es mi esencia. Y a pesar de esto a veces siento dolor. Claro, eso fue lo que me enseñaron, que el dolor es parte de la vida. “El dolor hay que sentirlo, el sufrimiento es una decisión”, decía alguien que desconozco. A veces me siento atrapada en el dolor, no porque no puedo controlarlo, sino porque trato de controlarlo demasiado. El dolor, al igual que el miedo, hay que mirarlo de frente, sentirlo y abrazarlo hasta que pasa. Cuando pasa se convierte en gratitud. Gratitud que nos revela las lecciones aprendidas para no volver a repetirlas y poder levantarnos firmes y gozosos a una nueva conciencia. Natalie Golberg dice: “confía en lo que amas, continúa haciéndolo y esto te llevará a donde tienes que ir”.

El tiempo es cada vez más efímero, menos convincente. Se va tan rápido que no es difícil reconocer que es solo una ilusión que la mente utiliza para mantenernos entretenidos mientras se enreda en los juegos absurdos del pasado y el futuro. ¿Cuántas cosas llegaron sin esperarlas? ¿Cuántas se fueron sin que nos diéramos cuenta? Y cuántas… nunca llegaron. Dicen algunos que las cosas llegan cuando estamos listos y si no llegan es porque algo mejor se está cuajando. Siempre hay una buena excusa para no desesperarme y poner en práctica la fe y la paciencia. Y mientras me convenzo a mí misma trato de disfrutar el presente, lo que tengo, el ahora. Abrazar mi momento, el que sea, agradecerlo  y bendecirlo; aunque a veces me cuesta  trabajo, sobre todo cuando me empeño en que sea de otra manera. 

¿Cómo fue tu año? ¿Qué te trajo? ¿Qué se llevó? Reflexiona por un momento su contenido y cuán responsables somos del giro de nuestra historia. Obsérvate. Cada minuto cambiamos, es una gran oportunidad. En cada instante podemos salir de la frustración y la desesperación y comenzar de nuevo. En vez de apretarte, suéltate. Utiliza tus experiencias como herramientas de aprendizaje. Presta atención a las voces que te menosprecian, que te deprimen. Es parte de la vida sentirse asustado, frustrado, desamparado, solo. Incluso sentirse culpable por lo que hiciste o no hiciste. Los cambios traen incertidumbre y la incertidumbre es un espacio incómodo. ¿Qué harías tú para transformar esta situación? Recuerda que las respuestas a tus interrogantes las tienes TÚ y es posible que cuando menos lo esperes surja en ti la chispa para llegar a tu propia respuesta. La vida se equilibra sola. Todo es posible. Lo que tienes y lo que deseas.

Este es un momento muy importante. ¿Qué nos traerá el 2012? Desconozco. Cuando llegue y lo viva, te cuento. Son muchas las historias que hemos escuchado relacionadas a este año. Evita enjaularte en dudas sin sentido y recibe este año como lo que es, un nuevo escalón, una nueva aventura en esta ilusión que llamamos vida. Recuerda escucharte a ti mismo más que a los demás y aceptar tus sentimientos. Nunca es demasiado tarde para ser lo que pudiste haber sido. Albert Einstein decía que “hay dos formas de ver la vida:  una es creer que no existen los milagros, la otra es creer que todo es un milagro”. ¡Feliz Año Nuevo!


Maya Valle es una mujer como tú, llena de sueños y sorpresas. Coach espiritual y conferenciante internacional. Para información visita la página: Maya Valle.webs.com.