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Guía para el consumidor conciente sobre los OGM’S
- Edición Noviembre 2008
- Publicado 10/28/2008
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(Alimentos Transgénicos)
El escoger tener una dieta saludable puede ser un reto, en especial cuando se trata de descifrar las controversias que rodean los alimentos genéticamente modificados. Los organismos modificados genéticamente (OGM) también conocidos como transgénicos, fueron cultivados, de forma comercial, inicialmente en los Estados Unidos en 1996. Ahora, el Centro para la Seguridad de los Alimentos informa que los OGM pueden encontrarse en el 75 por ciento de los alimentos procesados que usted adquiere en los supermercados locales.
Los cultivos transgénicos abarcan alrededor de 280 millones de acres alrededor del mundo, casi la totalidad del maíz y la soya que se cultiva para alimento de animales, químicos industriales y combustible a base de plantas. El asunto principal del que necesitamos tener conocimiento es que los OGM son producidos por y para la industria química, y vendidos a los agricultores para el control de plagas y la mala hierba.
Ahora comemos OGM en los cereales del desayuno, en las tortillas y ‘chips’ de maíz porque el sistema de agricultura industrial de los Estados Unidos mezcla los cultivos de muchas fuentes durante la producción y manufactura. Los OGM están ahora en casi todo lo que ha sido hecho con maíz, soya o canola, al igual que el aceite proveniente de la semilla del algodón. La mayoría de la carne, huevos y productos lácteos que comemos salen de animales alimentados con transgénicos. El único alimento fresco transgénico que se vende ahora mismo es la papaya de Hawaii; la papa genéticamente modificada fue un fracaso y otros OGM no han tenido éxito en el mercado.
Cómo Llegaron los OGM al Mercado
Los organismos modificados genéticamente fueron desarrollados por grandes corporaciones multinacionales agroquímicas como Monsanto, Dow, DuPont, Sygenta y Bayer. Estas compañías no son conocidas por su compromiso con la seguridad ambiental y la salud pública. Las mismas continúan legislando contra las regulaciones gubernamentales y trabajan para minar el sistema de investigación pública. Como resultado, estas compañías han podido poner en el mercado los OGM sin tener las pruebas apropiadas de salud y ambientales ni las medidas de seguridad.
Como parte de su estrategia de mercadeo, la industria de los transgénicos en los Estados Unidos no ha etiquetado a sus productos, sin importar que el Centro para Seguridad de los Alimentos haya informado que las encuestas demuestran, de forma repetida, que el 94 por ciento de los estadounidenses quieren etiquetas en los alimentos OGM. La mayoría de los otros países industrializados etiquetan los OGM y muchos limitan fuertemente las pruebas y su uso.
La industria, compuesta por corporaciones, sus cabilderos y aliados académicos, reclama que los OGM son seguros. La industria dice que ellos no conocen ningún peligro a la salud que haya sido probado que fuera causado por sus productos. Pero su posición no está respaldada por la investigación fiable de científicos independientes. No existen pruebas gubernamentales; cualquiera que sea la información que obtiene el gobierno de la industria es sobre bases voluntarias.
Y hay asuntos éticos, en especial, de personas con restricciones de salud o religiosas relacionadas con la dieta. Todo el mundo necesita saber qué es lo que hay en sus alimentos. Pero los transgénicos son diferentes a cualquier otra cosa que el mundo haya visto antes. Ellos combinan genes de diferentes especies. Por ejemplo, los ingenieros genéticos han insertado genes de peces árticos a fresas para hacerlas tolerantes a las heladas, pero esto es algo que un vegano no quisiera comer.
La ingeniería genética también se conoce como tecnología del ADN recombinado, porque toma un organismo del ADN y los combina con el ADN de otro organismo. Hace lo que la naturaleza evita, cruzar las fronteras naturales entre las especies. Los OGM son nuevos organismos vivos capaces de difundirse, reproducirse y recombinarse. Su presencia es invisible e irreversible.
Lo que No Sabemos PUEDE Hacernos Daño
Los procesos utilizados para crear los transgénicos no son precisos o predecibles. Lo que es preciso es el primer paso, seleccionar y trabajar con ingeniería del ADN a ser usado. Luego de eso, los genes son modificados y recombinados con bacterias, virus y otras moléculas de diseñador, a menudo puestas en una ‘pistola de genes o génica’ que lo dispara hacia la célula viva.
El resultado puede crear nuevas proteínas que podrían desencadenar reacciones alérgicas serias o ser recombinados con otras bacterias y virus para crear nuevos patógenos o toxinas. El marcador genético resistente a antibiótico utilizado en el proceso puede hacer que los antibióticos que usamos para controlar las enfermedades sean menos efectivos.
Los informes basados en estudios con animales indican que ambos procesos y productos de la ingeniería genética están causando problemas. Los animales alimentados exclusivamente con OGM tienen más embarazos falsos y una tasa de mortalidad mayor que la de los grupos control. Los investigadores tienen pruebas de formación de células sanguíneas dañadas, problemas de hígado, crecimientos excesivos en el tracto digestivo y reacciones inmutarías adversas.
Algo si es seguro—los OGM son experimentos con humanos sin controles. Una reconocida neuróloga pediátrica de la Escuela de Medicina de Harvard, la Dra. Martha R. Herbert, dice: “Hoy día, la vasta mayoría de los alimentos en los supermercados contienen sustancias genéticamente modificadas cuyo efectos a nuestra salud son desconocidos. Como doctora puedo asegurarle que nadie en la profesión médica se atrevería a experimentar en sujetos humanos sin su consentimiento. Tal conducta es ilegal y antiética. Pero aún así, los manufactureros de alimentos alterados genéticamente nos exponen a uno de los experimentos más grande sin controles en la historia moderna”.
En términos de la nutrición, tan temprano como 1992, los científicos de la Administración Federal de Drogas y Alimentos advirtieron que los OGM podrían causar en los alimentos “alteraciones no deseadas a niveles de los nutrientes”. Más tarde, un estudio encontró que la soya transgénica que fue fumigada repetidamente con herbicida tenía un 12 a 14 por ciento menos contenido de fitonutrientes esenciales que la soya cultivada de forma convencional.
He aquí una razón por la cual los científicos piensan que los OGM son diferentes: cuando se fuerzan las plantas a hacer algo estresante, como mantenerse vivas mientras las fumigan repetidamente con un herbicida letal, ellas tienen que compenzar de alguna manera durante el ciclo de crecimiento. Una compensación podría ser disminución en el contenido de los nutrientes, otra quizás sea la capacidad de la planta de producir semillas, lo que podría afectar la productividad. Más de 8,000 pruebas de campo y numerosos estudios han demostrado que la soya resistente al herbicida es de 6 a 11 por ciento menos productiva que las variedades convencionales.
La Política de los Alimentos
Los hechos sobre los OGM revelan que no son más productivos que los cultivos convencionales y que no son mejores para las personas. Pero todavía muchos consumidores y agricultores creen en la publicidad que dice que los OGM pueden alimentar al mundo.
Por desgracia, al público no le llega información fidedigna sobre los organismos genéticamente modificados. Esto se debe a que, aún antes de que los transgénicos salieran al mercado, los reguladores gubernamentales tomaron una decisión política, no una basada en la ciencia; tratarían los alimentos OGM igual que los alimentos naturales. También se decidió que no se aprobaría ninguna ley nueva para supervisar esta industria. Este sistema regulador ineficaz está causando mucha más preocupación ahora porque productos en espera, como animales, peces e insectos, y plantas que son modificadas con genes humanos y farmacéuticos, están saliendo al mercado o ya han contaminado las cosechas y los abastos de alimentos.
Los grupos de interés público y los científicos independientes han documentado los problemas causados por los OGM, informando, por ejemplo, que los transgénicos han aumentado el uso de herbicidas, por lo tanto, aumentando la contaminación del suelo y del agua.
La investigación ha demostrado que el maíz transgénico fumigado con insecticida es dañino para las mariposas monarcas y otros insectos beneficiosos. La mala hierba que crece cerca de los cultivos transgénicos se han convertido en una ‘súper mala hierba o súper maleza’, resistente al herbicida. Los OGM han difundido su ADN no natural hacia los bosques y han contaminado los cultivos producidos por los agricultores orgánicos. Hoy, incluso las semillas convencionales están cargadas con OGM, de tal forma los agricultores que quieren plantar cosechas convencionales están cultivando OGM sin querer. La contaminación transgénica ha causado serios problemas legales a los agricultores y han tenido un impacto en las exportaciones agrícolas estadounidenses.
El problema constante de hambruna y pobreza en los países alrededor de mundo es causado por las diferencias políticas y económicas. Se necesitará acción política, no un arreglo tecnológico para remediar esos problemas. Los agricultores necesitan apoyo, pero en la forma de productos patentados como los OGM.
Estudios internacionales han demostrado que los agricultores quieren herramientas fáciles de usar, variedades locales y semillas adaptadas, agua limpia y suelo saludable. La tecnología que se necesita producirá alimento saludable a la vez que se protege el ambiente y provee medios para que los agricultores se sostengan ellos mismos y a sus comunidades. Por suerte, ya existe esa tecnología y se llama agricultura orgánica.
La buena noticia es que los consumidores pueden evitar los transgénicos al escoger alimentos orgánicos. Por ley, los productos certificados orgánicos no contienen OGM. Al hacer esta selección también se apoya la agricultura sostenible y se asegura la calidad nutricional de los alimentos, libres de químicos sintéticos.
Podemos apoyar a los agricultores locales si compramos más alimentos frescos de ellos y cultivando nosotros también. Aún el tener un tiesto con hierbas o lechugas cercas de una ventana soleada es un recordatorio delicioso de que nuestros alimentos provienen de la naturaleza, no de fincas industriales corporativas.
El cultivar y compartir alimentos fortalece las relaciones comunitarias y nos reconecta con la tierra. Todo lo que se necesita para crear una economía de abundancia son pequeños actos de generosidad. Eso es lo que hace la naturaleza por nosotros, todos los días.
Claire Hope Cummings es abogada, periodista y experta en agricultura e ingeniería genética. Ha tenido cultivos en California y Vietnam, fue abogada del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos por cuatro años y es la autora de la fuente primaria de este artículo, Uncertain Peril: Genetic Engineering and the Future of Seeds (Beacon Press, 2008.)
