por Lama Surya Das
La aceptación no significa aprobar la maldad, las injusticias o las desigualdades en la vida. Nos puede ayudar a ver las cosas de manera más clara y cómo son. Ver porqué las cosas trabajan de la manera como lo hacen. Cuando observamos calmadamente e investigamos las causas de las cosas, y entendemos el hecho que nada pasa por accidente, entonces se revela la verdad misma, ya sea nos guste o no. El cultivar la paciencia y la aceptación provee la claridad mental y la amplitud que nos permite examinar los asuntos antes de reaccionar sin pensar, previniendo que la situación pueda escalar en un problema.
Al hacer una pausa sagrada, de forma dramática, aumentamos las oportunidades de hacer mejores selecciones y llevar a cabo acciones más sabias. Sencillamente, tenemos que recordar respirar profundamente y relajarnos, disfrutar el momento de estar conscientes y atentos y reflexionar antes de responder.
Algunas veces puede que sepamos qué hacer. Ese es un buen tiempo para no hacer nada. Muy a menudo, la exageración compulsiva crea complicaciones innecesarias. Cuando se está al borde de perderlo todo, muchas personas que van en busca de la verdad bajan su cabeza, unen sus manos y confían en el poder superior para obtener claridad, guía y dirección. El camino a seguir aparece.
Esta paciencia no significa pasividad. Ni tampoco la aceptación significa debilidad, apatía, indiferencia o descuido. Podemos cultivar la paciencia y soltar un poco la tensión al recordar el mantra budista “Esto también, pasará”. ¿De verdad es algo de vida o muerte, como mi reacción emocional parece insistir? O, ¿este drama es sólo algo pasajero, como una situación climatológica, que pronto será reemplazada por otros pensamientos y sentimientos? Pregúntese: ¿Cuánto de esto me importará el mes próximo, el año que viene, cinco años más adelante?
Este es un secreto de maestría espiritual y paz interior, libertad y autonomía. No es lo que nos sucede, pero sino lo que hacemos de la situación, eso hace toda la diferencia. No podemos controlar el viento, pero podemos aprender cómo navegar mejor. No son las cartas que tenemos en la mano, sino cómo jugamos con ellas.
La aceptación incondicional no es estática, pero sí extática, vibrante, comprometida dinámicamente en y conectada con la realidad. Los héroes espirituales se sumergen sin miedo en las profundidades de la vida, luchando incesantemente con las olas y corrientes sin echarse para atrás. La aceptación incondicional es el tipo de amor del que Jesús habló cuando nos enseñó a amar a nuestro vecino, y lo que quiso decir Buda cuando dijo que un enemigo, adversario o competidor puede ser uno de nuestros más grandes maestros.
Debemos amar primero y aceptarnos antes de amar y aceptar a otros. Para citar a Carl Jung: “La cosa más aterradora de este mundo es aceptarse uno mismo totalmente”. ¿A qué le tenemos miedo?
Lama Surya Das, autor, fundador del Dzogchen Center y destacado maestro y erudito de meditación budista oriental, es uno de los intérpretes del Budismo Tibetano en el Oriente.